Iseo: Sobre la herencia de Pirro

A la muerte de Pirro, reclama la herencia Endio, uno de sus sobrinos, que había sido adoptado por el finado en sus últimas disposiciones. Le fue adjudicada y disfrutó de ella durante más de dos décadas sin oposición de nadie. Pero al morir también sin descendencia y no poder disponer en testamento de su herencia (sólo podían testar los hijos legítimos que no tuvieran hijos legítimos varones), los bienes debían retornar a la casa de su antiguo dueño y ser reivindicados por el pariente más próximo de Pirro.

Alegando tal condición reclaman la herencia dos partes enfrentadas: por un lado el otro sobrino de Pirro, en nombre de su madre (son el hermano y la madre de Endio, pero la reclamación se realiza por su cercanía a Pirro); y por la otra parte un tal Jenocles, en representación de su esposa File, quien decía ser hija legítima de Pirro. Los testigos que demostrarán su legimtimidad serán, además del propio Jenocles, Nicodemo (tío de File) y tres tíos de Pirro.

El hermano de Endio responde con una acción por falso testimonio contra Jenocles, que resulta condenado. La herencia es adjudicada a la hermana de Pirro, pero su hijo, no contento con esta victoria, emprende otra acción por falso testimonio, esta vez contra Nicodemo, quien había declarado haber entregado a su hermana en matrimonio a Pirro. A esa acusación corresponde el presente discurso de Iseo.


El autor presenta como primer argumento la condena de Jenocles en el juicio anterior: si él y Nicodemo declararon sobre los mismos hechos y uno fue condenado por falso testimonio, el otro debe serlo también. Esta circunstancia le permite construir un discurso reiterativo en exceso, que prescinde del exordio habitual y de la invocación final de los jueces y cuyos argumentos se basan en presunciones y probabilidades. El objetivo es claro: demostrar que Nicodemo ha mentido sobre la legalidad del matrimonio de Pirro y la madre de File, lo que probaría que ésta no es legítima y, por tanto, no tiene derecho a la herencia. El orador comienza intentando demostrar que no hubo matrimonio, alegando la falta de una dote que hubiera debido entregar Nicodemo, la actitud más propia de una cortesana que de una esposa legítima, la escasez de testigos en la presunta ceremonia e, incluso, la posible extranjería de Nicodemo.

En la segunda parte del discurso, invierte la argumentación: si demuestra que File no era legítima, resultaría evidente que su madre y Pirro no estaban casados, y por tanto que Nicodemo había mentido. Pero de nuevo, a falta de pruebas sólidas, presenta como argumento el comportamiento de los implicados, que resultaría difícil de creer en caso de que File fuera legítima: ¿Por qué no tomó posesión de la fortuna de Pirro, en lugar de presentar por medio de Jenocles una demanda de adjudicación judicial? ¿Por qué Nicodemo permitió que Endio entregara a su hermana en matrimonio con una dote propia de una concubina y no de una hija legítima? ¿Por qué la aceptó entonces Jenocles y lo consintieron los tíos de Pirro? De hecho, de haber sido File hija legítima, a la muerte de Pirro se hubiera convertido en epiclera (una suerte de «conductora» de la herencia que debía casarse con un miembro de la familia del padre), y para que Endio reclamase la herencia de su tío debía haberse casado con ella, pues herencia y epiclera eran inseperables según las leyes atenienses.

Por lo que respecta a la fecha de pronunciación del discurso, es difícil dar algo por sentado. La mención de dos personajes conocidos en Atenas permiten acercarse a un amplio margen, comprendido entre 357 aC (siendo trierarca Doroteo de Eleusis) y 344 aC (fecha en que aún estaba vivo Diofanto de Esfeto).

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