Aristófanes: Las ranas

En las fiestas Leneas de 405 aC Aristófanes triunfó con Las ranas frente a Frínico (Las musas) y Platón el Cómico (Cleofonte). En los años anteriores, la revuelta contrarrevolucionaria había reinstaurado la democracia en Atenas. En 406 aC, tuvo lugar la batalla de las islas Arginusas, ya que Cleofonte no quiso aceptar la paz que ofrecían los espartanos. Atenas logró recuperar el control de las vías marítimas (y de sus suministros) y en un gesto generoso liberó a todos los esclavos que habían participado (la mayoría como remeros) en la contienda. Sin embargo, se condenó a muerte a los estrategos vencedores (entre ellos Pericles hijo) porque, obstaculizados por una tormenta, no pudieron rescatar los cadáveres de los que perecieron en el mar. Terámenes, Arquedemo, Cleofonte y otros demagogos agitaron a las masas contra ellos; Calíxeno propuso un juicio conjunto (algo ilegal); y los jueces poco pudieron hacer. La victoria de las Arginusas, lejos de apaciguar los ánimos, los soliviantó.

Por si fuera poco, Sófocles y Eurípides morían con diferencia de unos pocos meses, y la ciudad se quedaba sin sus poetas trágicos. La idea crítica de Las ranas es una propuesta de concordia. Su tema cómico es el descenso al Hades en busca de uno de los autores trágicos.

Éste es el resumen de la obra:

Dioniso, el dios del teatro, y su esclavo Jantias se disponen a viajar al Hades en busca de Eurípides. Heracles les explica el camino.
¿Qué, señor, digo uno de los chistes de costumbre con los que se ríen siempre los espectadores?
Deberán tomar la barca de Caronte, pero como Jantias no participó en las Arginusas sigue siendo un esclavo y debe dejar solo a Dioniso y hacer el viaje por la orilla. El dios cruza la laguna acompañado por el molesto cantar de unas ranas, a las que calla con la melodía de su propio vientre. Al otro lado, y ya con Jantias, se desarrolla una escena con aparición de seres monstruosos, lo que pone de relieve la cobardía de Dioniso.
Ésos no son más que desecho y palabrería, música de golondrinas, corruptores del arte, estrellas fugaces -si alguna vez consiguen un coro-, gente que sólo una vez en su vida ha meado apuntando a la tragedia.
Un coro iniciado en cultos mistéricos canta a Yaco y a Deméter, y lanza maldiciones contra la mala gente, haciendo mención de Calias y Arquedemo. Dioniso, que viaja disfrazado de Heracles, obliga a Jantias a intercambiar sus ropas una y otra vez, para evitar a los que estaban molestos con Heracles y aprovechar los agasajos de quienes estaban contentos con él, pero siempre llega tarde en los cambios. Éaco decide identificar a uno y a otro dándoles golpes, pero no lo logra y los lleva ante Plutón y Perséfone.

En la parábasis el coro lanza un alegato político: es necesaria la reconciliación de las gentes.

Jantias y un criado de Plutón anuncian que Eurípides le disputa a Esquilo el trono de los trágicos en el Hades (Sófocles ha renunciado en favor de Esquilo) y van a discutir quién se lo merece ante Dioniso. El agón está dividido en dos partes: una primera en la que cada poeta se ensalza a sí mismo y critica a su rival por las ideas y valores que encierran sus obras, y una segunda en la que uno y otro analizan la forma de la poesía del rival. Eurípides ha hecho a los atenienses más inquietos, más listos; Esquilo les inculcó los valores del patriotismo y del ardor guerrero. La Comedia, por convicción o por convención, siempre rechazó las innovaciones, así que Esquilo es el vencedor moral de esta parte de la disputa, aunque no es proclamado como tal. En la segunda parte se critican los apartados de las obras, incluso versos concretos. Dioniso no acaba de decidirse, porque Esquilo le parece un sabio, pero con Eurípides disfruta. Ante la insistencia de Plutón, decide llevarse con él al que mejor puede educar al pueblo para construir la vieja armonía: Esquilo es el elegido.
¿Tú, coleccionista de estupideces, poeta de mendigos, remendador de andrajos, vas a venirme con ésas?

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