Sófocles: Áyax

La leyenda de la muerte de Áyax o Ayante procede de obras menores del ciclo de Troya, como La Etiópide o La pequeña Ilíada. Allí se nos dice que, muerto Aquiles, aspiraron a quedarse con sus divinas armas Ulises y Ayante, quien había protegido el cadáver del héroe hasta llevarlo al campamento aqueo. Los griegos votaron por Ulises, y Ayante, agraviado, decidió dar muerte a éste y a los hermanos Atridas, sus declarados enemigos. Pero Atenea protegió a Ulises, e hizo enloquecer a Ayante, quien mató por la noche a un rebaño, creyendo que se trataba de sus enemigos. En este punto comienza la obra de Sófocles, con Áyax ridiculizado por segunda vez y decidido a suicidarse.

El drama posee dos partes si atendemos a su contenido: los dos primeros tercios terminan con la muerte del héroe, y en la parte final asistimos al regreso de su medio hermano Teucro y a la disputa sobre la sepultura del héroe. Disputa de violencias e intransigencias, solucionada finalmente por la magnanimidad de Ulises, en una conclusión de humanidad muy sofóclea, donde es protagonista la conciencia de la propia mortalidad.

Prólogo. Atenea se aparece a Ulises y le confirma en sus sospechas acerca de la culpabilidad de Áyax. Le hace ver las atrocidades cometidas por el héroe en su locura y moraliza sobre ellas.
No obstante, aunque sea un enemigo, le compadezco, infortunado, porque está amarrado a un destino fatal. Y no pienso en el de éste más que en el mío, pues veo que cuantos vivimos nada somos sino fantasmas o sombra vana.
Párodo. Con dos partes: la primera es un canto de marcha (mientras entra el coro) y la segunda un canto lírico. Se cuentan los rumores sobre Áyax y se pide la presencia del héroe.

Episodio 1º. También hay aquí dos partes, dispuestas en paralelismo. En la primera hay un diálogo lírico entre Tecmesa (la concubina de Áyax) y el Corifeo, en el que se sacan a la luz la situación de Áyax, y es seguida por una parte recitada en que Tecmesa cuenta sus temores. La segunda tiene otro relato lírico donde interviene el propio héroe, y luego otra parte recitada entre los mismos personajes, en la que Áyax anuncia su decisión de morir. Tecmesa y el coro tratan de disuadirle, trayéndole a su hijo.
Ahora, consciente, experimenta un nuevo dolor. En efecto, el contemplar las desgracias propias, en las que nadie más ha intervenido, causa enormes dolores.
Ni a la estirpe de los dioses ni a la de los efímeros hombres soy ya digno de mirar esperando ayuda alguna.
Estásimo 1º. Dos pares de estrofas en las que el Coro se lamenta de la locura de Áyax.
Ciertamente que su madre, cargada de años y compañera de blanca ancianidad, cuando oiga que él ha perdido la razón, lanzará, desdichada, un grito de dolor, un canto de dolor y no el lamento del quejumbroso pájaro, del ruiseñor.
Episodio 2º. Brevemente, Áyax se dirige a sus marineros para explicar su propósito, de acuerdo a su nueva disposición. El espectador capta en sus irónicas palabras las verdaderas intenciones del héroe.

Estásimo 2º. Una estrofa de tipo festivo en que el Coro celebra el nuevo estado de ánimo de Áyax.

Episodio 3º. Dividido en dos escenas con diferente localización: la llegada del mensajero de Teucro, que suscita el temor en Tecmesa y el Coro (que abandona la escena en busca de Áyax); y un bello soliloquio del héroe ante la muerte.
La que me ha de matar está clavada por donde más cortante podrá ser, si alguno tiene, incluso, la calma de calcularlo. (...) Está hundida en tierra enemiga, en la Tróade, recién afilada con la piedra que roe el hierro. Yo la he fijado con buen cuidado, de modo que, muy complaciente para este hombre, cuanto antes le haga morir.
Estásimo 3º. El Coro, tras su infructuosa búsqueda, regresa a escena dividido en dos semicoros. Tiene lugar un diálogo lírico con Tecmesa, que ha descubierto el cadáver de Áyax y entona lúgubres lamentos.

Episodio 4º. Con dos escenas: Teucro, a la vista del espectáculo, se lamenta y considera la muerte de Áyax y la reacción de los ancianos; Menelao prohíbe el enterramiento del héroe y Teucro le desafía.
Por ello, ningún hombre existe con tanto poder como para enterrar en la sepultura su cuerpo, sino que, abandonado en la parda arena, será pasto para las marinas aves. Y, ante esto, no te exaltes en cólera terrible; pues, si estando vivo no fuimos capaces de dominarle, lo haremos por completo ahora que está muerto, aunque tú no quieras, controlándole en nuestras manos.
Estásimo 4º. Dos estrofas en las que el Coro enumera las penalidades de la guerra y se duele del destino de Áyax.
¿Para cuándo se terminará el número de los errantes años que me trae, constantemente, la desgracia sin fin de las fatigas marciales en la espaciosa Troya, afrenta infortunada de los helenos?
Éxodo. Con tres partes: la escena entre Teucro y Agamenón, en el mismo tono que la de Menelao; la llegada de Ulises para mediar en favor de Áyax; y el breve final con la disposición del enterramiento.
No te atrevas, por los dioses, a exponer así cruelmente a este hombre insepulto, y que la violencia se apodere de ti para odiarle hasta el punto de pisotear la justicia.

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