Eurípides: Hipólito

En 428 aC, Eurípides ganaba el certamen dramático con este drama, nueva versión de una obra que, debido a la crudeza del personaje de Fedra, le proporcionó al poeta un soberano fracaso. Escarmentado por la lección (y es  de suponer que aprendiendo del éxito de la Fedra de Sófocles), Eurípides reelaboró la tragedia, con una imagen más moderada y con rasgos del heroísmo de corte clásico, y logró llevarse la victoria. El problema fundamental es el de la hýbris o insolencia de sus protagonistas, Hipólito y Fedra, frente a las divinidades Ártemis y Afrodita (cada uno de ellos peca en un aspecto diferente). Pero estas diosas no juegan más que un papel de comparsas, y su inclusión (y el respeto al mito) se debe a un recurso artístico, a una aparente fidelidad a estas creencias con el fin de ganarse al público, o a una crítica velada a la arbitrariedad con que los dioses mueven, según los mitos, los resortes del corazón humano. Con hábiles pinceladas, el poeta pone de relieve que Hipólito se desconoce a sí mismo: está ciego ante la pasión amorosa, avasalladora y terrible, y así labra su ruina.

La leyenda de Hipólito y Fedra fue escasamente tratada con anterioridad al siglo V aC. Este mito tuvo su origen en Trozén (o Trecén), donde la figura de Hipólito estaba instaurada en templos y recintos sagrados. Existían dos tradiciones sobre su muerte: una popular, con toda la peripecia de su muerte con el carro y su posterior enterramiento; y otra culta, que ignoraba la existencia de la tumba y tenía al héroe por una divinidad, más que por un mortal.

Como sucedía en Medea, Eurípides desvela en esta tragedia la terrible pasión de una mujer enamorada, y la firmeza casi enfermiza de un muchacho perfecto, pero logra hacerlo con los que, muy probablemente, sean los dos personajes más heroicos (en el sentido trágico ortodoxo) de todo su teatro. Detalles euripideos siguen siendo ciertos ribetes de la mezquindad congénita al ser humano o la importancia de personajes sencillos, tomados de la vida real (como la nodriza).

La estructura de la obra, con el resumen de sus casi millar y medio de versos, es la siguiente:

- Prólogo. Monólogo de Afrodita, en el que denuncia la actitud de Hipólito, quien rechaza el matrimonio y tiene en poco a la deidad del amor. No está celosa por su veneración a Ártemis, pero ha decidido castigarlo, usando para ello el amor que Fedra (nueva esposa de su padre) sintió al contemplarlo. Entrada de Hipólito acompañado de un coro de cazadores y diálogo entre Hipólito y su anciano siervo, quien aconseja adorar a Afrodita por igual.
No sabe que están abiertas las puertas de Hades y que está mirando esta luz por última vez.
- Párodo. Cinco estrofas, entonadas por el coro de mujeres de Trozén, que se preguntan sobre los sufrimientos de Fedra.

- Episodio 1º. Se inicia con un kommos y un breve canto coral (con los lamentos de Fedra), y se continúa con el diálogo entre Fedra y su nodriza: Fedra confiesa su amor por Hipólito, hijo de su marido, y su intención de suicidarse. La nodriza intenta calmarla y le asegura que lo solucionará con un filtro, entrando a palacio para prepararlo.
La vida humana no es sino sufrimiento y no hay tregua en sus dolores. Lo que es más hermoso de la vida la oscuridad, envolviéndolo, lo oculta con sus nubes.
- Estásimo 1º. En dos pares de estrofas, el coro canta el gran poder que Eros ejerce sobre todos los seres dotados de vida, con ejemplos tomados de otros mitos.

- Episodio 2º. Fedra y el coro escuchan los gritos que Hipólito lanza contra la nodriza de Fedra, que ha ido a contarle el secreto de su señora. Hipólito, intransigente, desea abandonar el palacio mientras su padre no se encuentre allí. La nodriza acude a pedir el perdón de Fedra, pero ésta la echa de su lado, con la intención de suicidarse y, con su muerte, causar mal a Hipólito.
Oigo con claridad que la ha llamado alcahueta de desgracias, traidora del lecho de su señor.
- Estásimo 2º. El coro, en dos pares de estrofas, expresa el deseo de evadirse de los lugares en que acontecerán los desdichados acontecimientos. Evocación del abandono de Fedra de su casa paterna en pos de un destino funesto.

- Episodio 3º. La nodriza anuncia gritando la muerte de Fedra, que se ha ahorcado. Entra en escena Teseo, llegado directamente de Delfos, y recibe la terrible noticia. Se descubre la acusación de Fedra contra Hipólito, y Teseo lo maldice por deshonrar su lecho violando a Fedra (lo que, sabemos, es falso). Llegada oportuna del joven, que es acusado por su padre e, inútilmente, trata de defenderse: es exiliado de la tierra que Teseo gobierna.
¿A dónde me dirigiré, desdichado? ¿En casa de qué huesped hallaré acogida, desterrado por una acusación semejante?
- Estásimo 3º. En dos pares de estrofas con epodo, el coro lamenta el destino que se abate sobre el puro muchacho.

- Episodio 4º. Un compañero de Hipólito se presenta en escena, trayendo a Teseo la noticia de la cercana muerte de Hipólito, que narra de un modo algo exagerado: atropellado por su propio carro al asustar a sus caballos un toro lanzado por el mar, Hipólito ha quedado moribundo. Cumplía así Poseidón la maldición lanzada por Teseo.

- Canto astrófico. Nueva exaltación del coro del poderío de Afrodita y de Eros, en un fragmento muy breve.

- Éxodo. Presentación de la diosa Ártemis en escena. Aparición de Hipólito malherido en brazos de sus compañeros. Reconciliación final entre el padre y el hijo, que se lamentan de su mutua desgracia.
¡Ojalá me durmiera, desdichado, el negro y sombrío imperio de Hades!
¡Pide que tus hijos legítimos sean semejantes a mí!

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