Aristipo y los cirenaicos

La escuela de Cirene, una de las líneas de pensamiento socrático, fue fundada por Arístipo. Emparentada con las escuelas megárica y cínica, su doctrina era un hedonismo en sentido estricto: el bien se identificaba con el bienestar físico. Con el tiempo, la escuela se dividió en diversas ramas, en función del pensamiento de su fundador, por lo que pueden distinguirse grupos como los hegesíacos, los anicerios o los teodorios. El calificativo de «escuela» debe matizarse convenientemente, pues no siempre se tienen claras las relaciones maestro-alumno, y se piensa más bien en posiciones parecidas que parten de influencias comunes.

Los cirenaicos se ocuparon sobre todo de ética. El bien supremo se identifica con el bienestar físico, y el placer es el primer motor de la vida. La felicidad humana consiste en librarse de toda inquietud, y la forma de lograr este objetivo es la autarquía.

Ésta es una lista de los filósofos cirenaicos más importantes:


Arístipo de Cirene


Vivió aproximadamente entre el 435 y el 356 aC. Le atrajo la fama de Sócrates, al visitar Grecia con ocasión de unas Olimpíadas, por lo que fue a su encuentro y se hizo su discípulo. Tras la muerte del maestro, regresó a su patria para dedicarse a la enseñanza. Vivió durante un tiempo en la corte del tirano de Siracusa, y se dice que fue hecho prisionero por Artafernes, el sátrapa de Lidia.
Arístipo sostuvo que el ser humano debe dominar sus placeres y no dejarse dominar por ellos: no es deshonesto el placer, pero sí lo es convertirse en su víctima. Propuso no encerrarse en ninguna ciudad y ser en todas extranjero, ya que la participación en el gobierno impide gozar de la vida con plenitud. De sus obras, que Diógenes Laercio consideraba frívolas y alejadas de la filosofía (supuestamente, dos de ellas fueron escritas a propósito de la hetera Lais de Corinto), no hemos conservado nada. Las cuatro cartas que llevan su nombre son evidentemente apócrifas.


Areta de Cirene

Hija y alumna de Arístipo. A su vez, enseñó filosofía a su hijo, llamado también Arístipo.


Arístipo Metrodidacta

Alumno de su madre Areta, hija de Arístipo. Parece que sistematizó la doctrina de su abuelo, distinguiendo el placer en reposo o pasivo, la sola ausencia del dolor, y el placer activo, que para él era el más alto grado de bien. Entre sus discípulos se contó Teodoro el Ateo.


Otros alumnos de Arístipo son Antípatro y su pupilo Epitidemes, Parebates y Aristóteles de Cirene.


Hegesias de Cirene

Nacido hacia el 300 aC. Discípulo de Parebates y compañero de Anniceris. Sostenía una visión más pesimista, ya que los placeres de la vida son pocos y muchos sus dolores, el conocimiento es incierto y todo lo domina el albur. Creyó que la felicidad era imposible de alcanzar, y que el propósito de la vida era evitar el dolor y el pesar. La muerte es preferible a la vida, salvo para el sabio, a quien ambas cosas le son indiferentes. Cicerón cuenta que sus enseñanzas causaron tantos suicidios, que Ptolomeo II lo exilió de Alejandría.


Anniceris de Cirene

Contemporáneo de Alejandro Magno. Discípulo de Parebates y compañero de Anniceris. Afirmó que existen placeres materiales y espirituales, siendo los primeros breves, y prolongándose toda la vida los segundos, útiles para luchar contra los dolores del cuerpo. El bien máximo es identificado con el placer social: el amor a la familia, el patriotismo, la amistad o la gratitud. Fue maestro de Teodoro el Ateo.


Teodoro de Cirene, el Ateo

Nacido en Cirene hacia el 340 aC, fue discípulo de Arístipo el Joven. Desterrado de su tierra, recaló en Atenas, donde vivió aproximadamente entre el 317 y el 307 aC, antes de escapar a un proceso por impiedad. Marchó a Egipto, y Ptolomeo I usó de sus servicios como embajador ante Lisímaco de Tracia. Quizá también estuviera en Corinto, aunque pasó sus últimos años en Cirene, y murió hacia el 250 aC. En su obra Sobre los dioses amplía el incipiente ateísmo de Epicuro al negar la existencia de los dioses. Su discípulo más importante fue Evémero, quien propondrá que los dioses son reyes del pasado divinizados.

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