Jenofonte: Hierón

Obrita que presenta un diálogo, de tipo socrático, entre el tirano Hierón y el poeta Simónides, centrado en una pregunta inicial del poeta: la distinta situación del tirano y del ciudadano particular en lo que atañe a alegrías y tristezas. Por supuesto, el diálogo es imaginario (Simónides visitó la corte de Hierón en el 476 aC, más de un siglo antes de la escritura de esta obra) y sus personajes no son reales: Simónides no es el poeta cortesano, y en la parte final es el propio Jenofonte quien habla. Por su parte, Hierón es sólo un déspota de la peor calaña, y no el personaje elogiado por Píndaro y Baquílides, gran guerrero y legislador clarividente.

En cuando a su fecha de composición, la situación no está clara. Alguno piensa que su escritura tal vez estuviera motivada por el auge y posterior caída del tirano Jasón de Feras, en los años 370 aC, o bien por las de Dionisio el Joven, en la década siguiente. La alusión a las conspiraciones de los familiares puede hacer referencia a los asesinatos entre los sucesores de Jasón, por lo que la composición de la obra sería posterior al 358 aC. El estudio de la lengua y de las influencias retóricas nos proporciona una fecha tardía, más acorde con este último dato.

Este texto influyó en Sobre la paz de Isócrates y en los cínicos, uno de cuyos temas comunes era la desgracia del déspota. También fue muy leído por los aticistas y sofistas de los siglos I y II (como Dión de Prusa y Arriano).

Si bien en su comienzo la obra parece querer tratar una cuestión individual, a medida que se avanza en su lectura se constata que los diversos aspectos de la vida pública se apoderan del diálogo, tomando cada vez mayor fuerza la idea de que si al tirano no le va bien es porque está enfrentado con toda la ciudad. La postura invariable del personaje de Hierón es que el tirano goza menos y sufre más que el ciudadano común, lo que contrasta completamente con el pensamiento del personaje de Simónides. A lo largo de sus once epígrafes se pasa revista a diversos aspectos de la vida, y se intenta averiguar quién sale más favorecido desde la perspectiva del placer. Éste es el resumen del contenido, separado en sus epígrafes constituyentes:
  1. El punto de partida son los sentidos del ser humano, ya que suponen la primera fuente de placer o dolor. Hierón afirma que no puede asistir a los espectáculos, y Simónides le replica que siempre son halagados sus oídos. Mas el tirano le contradice, ya que sólo son agradables los elogios libres, no los que se hacen por adulación. También se queja de que no disfruta de los manjares o de los perfumes, pues no encierran novedad o sorpresa para él. Pasa luego Simónides a considerar el tema del amor, replicando Hierón que nunca puede saber si en sus amantes éste es verdadero o fruto del miedo, y además alega que nunca podrá casarse, salvo con una extranjera, ya que el matrimonio debe aportar dinero y prestigio mayores a los ya poseídos.
  2. Trata la posesión de bienes o riquezas, y de la facilidad del tirano para realizar el bien a sus amigos y el mal a sus enemigos. Pero Hierón soslaya de momento la cuestión, centrándose en otros bienes que disfruta más el ciudadano particular: paz, viajes, seguridad, e incluso la guerra, que suponen problemas para el tirano.
  3. Versa sobre la amistad y el amor de amigos y familiares, de los que poco puede gozar quien es víctima frecuente de conspiraciones.
  4. Se plantea la falta de confianza y seguridad en los súbditos del tirano, patente en el constante miedo a ser envenenado. Hierón responde también a la cuestión sobre los bienes planteada antes: los tiranos son en realidad pobres, pues no pueden cubrir sus necesidades (aventajar a otros tiranos, poseer ciudades, puertos y territorios, pagar a sus ejércitos, etc).
  5. Sobre el triste destino del tirano que, como cualquiera, admira a los hombres sabios, valientes y justos, pero se ve obligado, por recelo, a servirse de personas injustas, corrompidas y serviles.
  6. Hierón añora los placeres que disfrutaba como ciudadano: amistad y conversación con los amigos, banquetes, embriaguez, sueño. El temor destruye su felicidad.
  7. Simónides entra en el terreno de los honores, que por sí solos justificarían la tiranía. Pero Hierón alega lo mismo que con los halagos: las muestras de respeto motivadas por el miedo no son verdaderos honores. Simónides entonces le pregunta qué le lleva a mantenerse como tirano, a lo que Hierón responde que ni siquiera eso le está permitido, pues no podrá agraviar todos los males.
  8. El poeta propone crear un proyecto ideal de gobierno que no esté reñido con el amor y el respeto de sus súbditos. Comienza considerando que los actos del gobernante y de los súbditos (regalos, cuidado de enfermos, tolerancia de la vejez) son agradecidos mucho más al primero. Pero el tirano le recuerda las cargas que el tirano debe imponer, como impuestos, vigilancia, castigos, mercenarios, que le salen caras al ciudadano.
  9. Simónides considera que hay ocupaciones gratas (como alabar y otorgar premios) y ocupaciones enojosas (como castigar y censurar). El gobernante debería encargarse de las primeras y mandar las segundas a otros. Así mismo, se considera la creación de premios para todas las actividades, de tal forma que los gastos sean cubiertos por la mayor cantidad de ingresos.
  10. El poeta establece que los mercenarios se convertirán en protectores de toda la ciudad y de sus bienes, en lugar de únicamente del tirano. De ese modo los súbditos se convencerán de su utilidad y participarán en su mantenimiento.
  11. En el último epígrafe se exhorta al fomento de los gastos públicos, de notorias ventajas para el país y para el gobernante

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