Iseo: Introducción

Usamos para este autor el tomo de la Biblioteca Gredos, que corre a cuenta de María Dolores Jiménez López.

Iseo, incluido en la lista de los diez oradores desde la Antigüedad, no es un autor excesivamente conocido, al haber quedado oscurecida su imagen por la sombra de otras referencias: Isócrates, de quien se dice fue discípulo; Lisias, con cuyo estilo se establecen comparaciones; y Demóstenes, alumno suyo, y a quien debe en realidad la fama. Apreciado por los aticistas de época imperial, pero ignorado casi totalmente por los romanos, la crítica moderna lo ha tenido por un autor mediocre o ha visto en él sólo un abogado. No obstante, los últimos estudios críticos han reivindicado su justo lugar.

Se tiene escaso conocimiento sobre su vida. Su lugar de nacimiento podría ser bien Atenas, bien Calcis, pero el supuesto nombre de su padre (Diágoras, que no se documenta entre los áticos y sí en Eubea) y la ausencia de Iseo en la vida política ateniense parecen confirmar la segunda opción. Sea como fuere, el siglo IV aC lo encuentra en Atenas, dedicado a su actividad logográfica y como maestro de elocuencia. De sus obras conservadas, el discurso más antiguo fue probablemente pronunciado el año 389 aC, y el más reciente puede ser del 344 o 343 aC. Esto permite postular como fecha aproximada para su nacimiento el 415 o 410 aC, y en todo caso, el último discurso constituiría el término post quem para su muerte.

Tenía entre sus contemporáneos fama de seductor y embaucador, y se le criticaba su habilidad para componer discursos para las peores causas. La tradición atribuye a Iseo sesenta y cuatro discursos y algunos tratados de retórica. De estos últimos, completamente perdidos, nada sabemos, y de los primeros conocemos el título de cincuenta y seis (aunque al menos seis eran considerados espurios), pero sólo nos llegan once y algunos fragmentos (el mayor de los cuales se presenta como duodécimo discurso). Todos ellos corresponden a causas de herencia, salvo un litigio por pérdida de ciudadanía, por lo que esta faceta es en la que Iseo despuntó sobre sus contemporáneos.

Su estilo es muy similar al de Lisias: pureza, precisión, claridad, propiedad y concisión, son cualidades formales de Lisias que aparecen también en Iseo; sin embargo, a la naturalidad y encanto de Lisias contrapone nuestro autor una apariencia más técnica, más trabajada y caracterizada por el empleo de figuras variadas. Lo que pierde en gracia, lo gana en habilidad. Por otra parte, Iseo es superior en la división en partes del tema y la ordenación y ejecución de las ideas, en recursos como la insinuación, las exposiciones preliminares y el uso de figuras dramáticas y patéticas.

En los discursos de Iseo lo importante es la argumentación: el exordio ocupa un lugar reducido, y el epílogo se convierte en una especie de recapitulación. La propia argumentación se entremezcla con la narración, apoyándose en argumentos o demostraciones lógicas, en lugar de premisas probables como podemos encontrar en Lisias. Consciente de lo importante que es ganar el ánimo del jurado e indisponerlo con la parte contraria, hace uso de una vehemencia inusitada que llega incluso al ataque personal y convierte la invectiva en un recurso decisivo. También añade con este motivo figuras del pensamiento, como preguntas y respuestas imaginarias, apóstrofes, ironía o sarcasmo. Crea una sensación de improvisación al usar expresiones parentéticas, menciones al discurso de los rivales, o indicaciones al tiempo. El retrato de los personajes es monótono y escueto, a diferencia de la característica etopeya lisíaca, y se basa en una división maníquea entre la bondad de quien pronuncia el discurso y la perversidad de sus adversarios.

Éstas son sus obras conservadas, ordenadas cronológicamente (el número romano identifica el orden tradicional en que se han transmitido):

2 comentarios:

  1. Gracias por tan importante aporte. No es fácil encontrar información sobre Iseo.

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    1. Al contrario, gracias por la visita y el comentario. Un saludo.

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