Eurípides: Los Heraclidas

Tragedia de fecha muy incierta, que por su trama debe situarse en los primeros años del conflicto entre Atenas y Esparta (probablemente, la primavera de 430, ya que en verano los espartanos invadieron la Tetrápolis, donde tiene lugar la tragedia). La situación inicial, con los hijos de Heracles ante un altar como suplicantes, podría ofrecer al público una exaltación de la capital del Ática en aquellos delicados momentos. Desde el punto de vista ideológico, lo más importante es la reflexión sobre la situación de los cautivos: dentro de la cultura clásica, el estado infrahumano de la esclavitud era ampliamente aceptado, y su tratamiento en una tragedia provocaría el escándalo en el espíritu tradicional ateniense.

Con respecto al mito, al parecer Eurípides ofreció ciertas novedades: el sacrificio de Macaria; el milagroso rejuvenecimiento de Yolao; o la captura, muerte y entierro de Euristeo. Sin embargo, el tema no volvió a tratarse entre los griegos.

Formalmente, Los Heraclidas se caracteriza por una gran sencillez en las partes líricas, que son más escasas que en el resto de las tragedias de Eurípides. Su brevedad (poco más de mil versos) ha hecho pensar a algunos críticos que se trata de una versión resumida de una obra más extensa, pero no parece ser el caso.

La estructura de la obra es la que sigue:

- Prólogo. Yolao, hijo de Ificles y sobrino de Heracles (y compañero en sus trabajos), habla en un largo monólogo de la huida de los Heraclidas (los hijos de Heracles), capitaneados por él y por la anciana Alcmena (madre de Heracles), y cuenta su llegada a Atenas en busca de refugio. Llega un heraldo de Euristeo, su perseguidor, con la intención de llevárselos a Argos {al parecer los eruditos helenísticos añadieron el nombre de Copreo para este personaje}. Yolao reclama la ayuda de los atenienses.

- Párodo. Con una estructura comática, en la que el coro alterna con Yolao en la estrofa y con Yolao y el heraldo en la antístrofa. Se insiste en la situación de los Heraclidas, y el corifeo pide al heraldo que hable con el rey Demofonte.

- Episodio 1º. Llegan Demofonte y su hermano Acamante. El rey pregunta las razones del heraldo. Interviene el corifeo para explicar la situación de los Heraclidas y tiene lugar el discurso del heraldo, en el que expone sus intenciones y la amenaza de guerra en caso de que no le permitan llevarse a los fugitivos. Yolao habla a su vez: los Heraclidas no pertenecen ya a Argos, y Atenas no teme las amenazas argivas. Además, el parentesco une a los Heraclidas y a Demofonte, que tras estos argumentos toma partido por los suplicantes. Sigue una esticomitia (diálogo línea a línea) en la que discuten el heraldo y Demofonte, y a la que pone fin el corifeo. El coro exhorta a tomar medidas frente al ejército de los argivos. Yolao da las gracias a Demofonte y pide a los hijos de Heracles que guarden agradecimiento eterno a Atenas. Demofonte se prepara para la lucha, y Yolao sigue en actitud de suplicante.
Estarán dispuestos a morir, pues entre los hombres nobles se aprecia la vergüenza antes que la vida.
- Estásimo 1º. En una triple estrofa (estrofa, antístrofa, epodo), el coro recrimina a Euristeo su insensatez.

- Episodio 2º. Yolao se sorprende de la vuelta de Demofonte, que trae noticias de la llegada del ejército de Euristeo. Advierte que, para vencer al enemigo, es necesario sacrificar en honor de Perséfone una doncella de padre noble. Yolao no sabe qué hacer en su desesperación, y se ofrece para ser entregado a los argivos a cambio de los niños, mas Demofonte afirma que de nada serviría la muerte del anciano. Entonces Macaria, hija de Heracles, se ofrece a morir en defensa de los suyos y de la ciudad de Atenas, antes de verse deshonrada o esclava. El corifeo elogia su actitud. Sigue una conversación de despedida entre Yolao (que propone un sorteo entre las hermanas) y Macaria (que se reafirma en su decisión), con la intervención de Demofonte.
Noble es lo que has dicho, pero ineficaz.
No, por cierto, puesto que sería motivo de irrisión no sólo gemir sentados como suplicantes de los dioses, sino también mostrarnos cobardes a pesar de haber nacido de aquel padre del que hemos nacido.
No me avergüenzo de tus palabras, mas siento dolor por tu suerte.
- Estásimo 2º. En un par de estrofas, el coro habla de las vicisitudes propias del ser humano y de la gloria que acompañará a Macaria.

- Episodio 3º. Viene un servidor que refiere a Yolao y Alcmena la llegada de Hilo, el hijo mayor de Heracles, y la unión de su ejército a los atenienses, en la inminente batalla contra los argivos. Yolao decide armarse y acudir a la batalla. El coro pone de relieve la arrogancia de Yolao. El servidor de Hilo ayuda al anciano en su marcha hacia el combate, llevándole las armas.
El tiempo todavía no humilla tu arrogancia, sino que está vigorosa como de joven, pero tu cuerpo está ya gastado.
- Estásimo 3º. En dos pares de estrofas, el coro afirma que Zeus es su aliado. Invoca también a Atenea contra el ejército argivo.

- Episodio 4º. Un servidor le cuenta a Alcmena la victoria: Euristeo no acepta entablar un combate singular con Hilo (solicitado en un parlamento digno de la Ilíada); el milagroso rejuvenecimiento de Yolao por intervención de Heracles y Hebe; y la captura de Euristeo. Alcmena da gracias a Zeus.
Que efímeras son las vicisitudes de la fortuna.
- Estásimo 4º. El coro se ocupa, en dos pares de estrofas, de la dicha de los amigos, la honra de los dioses, la boda de Heracles y del triunfo de Atenas sobre Euristeo.

- Éxodo. Un servidor ha conducido a Euristeo ante Alcmena, que amenaza de muerte a su cruel enemigo. Sigue una esticomitia en la que el servidor hace saber a Alcmena que la muerte de Euristeo no les gustaría a los jefes de Atenas. Euristeo replica que no tiene miedo, pero el corifeo pide a Alcmena que perdone a su enemigo. La anciana contesta que lo matará y que, después. entregará el cadáver a la ciudad. Euristeo vaticina que los descendientes de los Heraclidas conducirán un ejército contra Atenas {una referencia a la Guerra del Peloponeso}. El éxodo propiamente dicho es muy breve, con la despedida del coro.
Pues es muy dulce ver que un enemigo es desgraciado en lugar de feliz.

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