Aristófanes: Lisístrata

No se sabe nada de la primera representación de esta pieza, aunque suele aceptarse que fue en el 411 aC, sólo unos pocos meses antes del golpe de Estado oligárquico que tomó el poder en Atenas. Tras veinte años de guerra, el hastío, la decepción y el miedo se habían adueñado de los atenienses, que quizá veían en un cambio político la salida al desastre. Haciendo caso a Alcibíades (que, acusado de actos impíos, en lugar de regresar a Atenas se había unido a sus enemigos), en 415 aC los espartanos habían tomado Decelía, dejando un retén permanente en lugar de, simplemente, arrasar el campo como en años precedentes. Luego habían intervenido en Sicilia, haciendo que la expedición ateniense contra Siracusa acabara en un desastre, en el 413 aC. Las ciudades de la costa de Jonia vieron su oportunidad para pasarse al bando espartano, en una revuelta promocionada por Alcibíades y que dejaba a Atenas con dificultades para hacerse con mercancías. El sátrapa persa, Tisafernes, estaba dispuesto también a aliarse con Esparta para, una vez acabada la guerra, quedarse con las ciudades jonias. Pero Alcibíades, que también tenía detractores en Esparta, le recomendaba que no se precipitara en favorecer a ningún bando, sino que aguardara a caer sobre el vencedor y quedarse con todo. Y en la ciudad de Samos, Alcibíades prometía el apoyo del persa si lograban que cayera el poder democrático. Y así lo hicieron: durante unos meses del 411 al 410 aC, la ciudad tendría un régimen oligárquico, en un cambio propiciado por Pisandro y otros.

Y en este clima, Aristófanes escribía Lisístrata. Su tema cómico se basa en la falta de relaciones sexuales que, por culpa de la guerra, sufren las mujeres. Lisístrata ("licenciaejércitos") convoca en Atenas a las mujeres de toda la Hélade, y deciden que mientras dure la guerra se negarán a mantener relaciones con los hombres. Además, las ancianas de Atenas se hacen con la Acrópolis y el tesoro de Atenea, para impedir que se siga consumiendo en los gastos de guerra.

Éste es el resumen:

Mujeres de Atenas y delegadas de Esparta, Tebas y Corinto se reúnen ante la casa de Lisístrata, que les expone su plan. Las mujeres juran y marchan tras dejar algunas rehenes.
Por lo menos Menelao, cuando vio las manzanas de Helena desnudas desenfundó su arma, según creo.
Luego viene el agón por el tesoro ateniense. Primero viejas frente a viejos -el coro cómico, dividido en dos semicoros- que han acudido en defensa de la Acrópolis. Luego Lisístrata contra un Consejero que, entre colérico y perplejo, reclama el derecho de los varones a gobernar y a controlar el gasto público. El magistrado es vencido y los semicoros quedan en actitud belicosa.
¿Con la lana, las madejas y los husos como modelo creéis que podréis acabar con asuntos tan graves? Estáis locas.
Llegan las escenas episódicas. Primero varias mujeres intentan abandonar la Acrópolis para buscar a sus maridos, con las excusas más peregrinas. A continuación, tras las amenazas de los dos semicoros, llega la escena entre los esposos Mirrina ("chochito") y Cinesias ("follador"), que muestra la «dura» perspectiva para los hombres. En la tercera escena, un magistrado ateniense y un heraldo espartano se ven obligados a negociar, merced a cierto abultamiento en sus túnicas. Se reúne el coro e invita a participar de las ventajas que ellos han logrado. Lisístrata convence a espartanos y atenienses para que concierten la paz y se restituyan las plazas arrebatadas por la guerra (plazas con nombres equívocos, como Las piernas de Mégara), con la ayuda de Concordia, una joven ligerita de ropa que deja incapacitados a los litigantes. La reconciliación termina con la fiesta y la entrega de todas las mujeres a sus esposos.

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