Demóstenes: Sobre la corona, en defensa de Ctesifonte

Considerada por los críticos y estudiosos como la pieza oratoria griega de mayor calidad, esta obra fue pronunciada por Demóstenes en el año 330 aC.

Seis años antes, Ctesifonte había propuesto que se le entregase a Demóstenes una corona como premio por sus servicios prestados a favor de los atenienses. Aprobada la propuesta provisionalmente por el Consejo, y antes de la ratificación por la Asamblea, Esquines decidió denunciar a Ctesifonte por ilegalidad. Acusación de la que también tenemos el discurso, pronunciado también en 330 aC, Contra Ctesifonte.

Para Esquines, la propuesta era ilegal por tres motivos: porque Demóstenes todavía ocupaba un cargo público (y las coronas se ofrecían tras la rendición de cuentas); porque en la propuesta se solicitaba que el galardón fuera entregado en el teatro, y no en la Asamblea, donde según las leyes las coronas debían presentarse; y porque los decretos no debían contener falsedades, y a juicio de Esquines, su rival Demóstenes no había beneficiado a los atenienses.

En su propio discurso, Demóstenes hace poco caso a los dos primeros cargos, y se centra en la nobleza y el patriotismo de su actuación como hombre de estado, un esfuerzo personal por recuperar las glorias perdidas de la Atenas de antaño.

Éste es el resumen de su contenido, señalando sus epígrafes:

- 1-8. Exordio.
  • Invocación a los jueces para que ignoraran que Esquines, en su discurso, les pidió que o bien no escucharan a Demóstenes, o bien le obligasen a seguir el orden establecido en la acusación (1-2).
  • Desventaja ante Esquines, pues «es natural disposición de todos los hombres que las injurias y acusaciones se escuchan con placer, mientras que se experimenta disgusto con los que se elogian a sí mismos» (3-4).
  • Motivo para defender a Ctesifonte: le afecta a Demóstenes de forma directa, ya que se juega su fama (5).
  • Importancia de las leyes que obligan a los jueces a escuchar a ambas partes (6-7). Nueva invocación (8).
- 9-222. Narración.
  • A pesar de las invectivas de Esquines, Demóstenes se va a centrar en sus actos y gestiones públicas, aunque no deja de echar en cara el uso del discurso por su rival, realizado, dice, por enemistad hacia él (9-12). Se pregunta, como ya predijo Esquines en su discurso, por qué motivo no le denunció anteriormente, si es cierto que le veía actuar mal o de forma ilegal (13-14). Ctesifonte como víctima inocente de la rivalidad (15-16).
  • Resumen de la situación política en el momento en que Demóstenes inicia su andadura política, en el 354 aC (17-19). A la paz del 346 aC entre Atenas y Macedonia se llegó como consecuencia de esa situación, no por mediación suya, sino de otros individuos (20-24).
  • Demóstenes aclara su actuación con los embajadores que ratificarían los juramentos para la paz (25-30). Acusa a Esquines de haber sido pagado por Filipo para evitar que los atenienses actuaran en su contra, lo que causó que el resto de griegos se enemistaran con la ciudad (31-42). Otros personajes que se vendieron a Filipo o se vieron de repente incapacitados para actuar en su contra (43-49). Nueva acusación contra Esquines, tanto como primer responsable como por intentar culpar a Demóstenes (50-55). En toda esta parte, la tradición nos ha legado algunos textos intercalados en el discurso (decretos, una carta, un escrito acusatorio) que son en realidad creaciones no originales (erróneas las más de las veces), falsificaciones de un comentarista posterior.
  • Disposición a hablar sobre su vida para defender a Ctesifonte de las acusaciones de Esquines (56-59). La única vía de actuación posible para Atenas era oponerse a Filipo, lo que justifica la actitud de Demóstenes durante la paz (60-74). La paz no fue rota por Demóstenes, ni propuso él los decretos que iniciaron la guerra (75-82). Aún así, por su actuación ganó una corona, en los mismos términos que la propuesta por Ctesifonte, y ni Esquines ni ningún otro puso problemas (83-86). El asunto de Bizancio (87-94). «La guerra que entonces tuvo lugar, sin contar el hecho de que aportó hermosa gloria, os hacía vivir en todo lo tocante al sustento con mayor abundancia y baratura que la paz actual». Hazañas atenienses del pasado: la guerra de Corinto del 395 aC y la defensa contra los tebanos de Esparta, en 370 aC, y de Eubea, en 357 aC (95-101).
  • Gestión pública de Demóstenes durante los sucesos inmediatamente anteriores: defensa de su reforma en la organización de las trierarquías en 340 aC (102-109). Sobre la rendición de cuentas: Demóstenes hizo una donación privada, al estilo de los personajes famosos del pasado (110-121). La acusación de Esquines se basa en la envidia, y no es más que un vituperio (122-125). Crítica de Esquines e insultos contra él, tergiversando su actuación pasada (126-138). Sobre la guerra contra Filipo y el Consejo Anfictiónico, con más acusaciones contra Esquines y ensalzamiento propio (139-195). Esta larga parte, que resume y comenta los diferentes hechos bélicos, incluye un famoso pasaje en el que Demóstenes describe la alarma con la que acogen los atenienses la noticia de la toma de Elatea por Filipo (169-170); un pasaje que se ha elogiado como espléndido y modélico de la prosa ática. Lo transcribimos completo a continuación: «Era ya plena tarde y llegó alguien junto a los prítanes anunciando que Elatea había sido tomada. Y tras eso, unos, levantándose, al punto, a la mitad de la cena, echaban a los de las tiendas de la plaza y prendían fuego a los zarzos de mimbres, otros mandaban buscar a los estrategos y llamaban al trompeta; y llena estaba de confusión la ciudad. Y al día siguiente, con el día, los prítanes convocaban al Consejo en su lugar de reunión y vosotros marchabais a la asamblea, y antes de que aquél hubiese tratado asuntos y adoptado resoluciones previas, todo el pueblo estaba sentado arriba. Y después, cuando llegó el Consejo y comunicaron los prítanes lo que se les había anunciado y presentaron al recién llegado y aquél habló, preguntaba el heraldo: '¿quién quiere tomar la palabra?'. Pero nadie se presentaba. Y aunque muchas veces el heraldo repetía la pregunta, no más por ello se levantaba nadie, pese a que estaban presentes todos los estrategos y todos los oradores y a pesar de que la patria llamaba a quien quisiera hablar en defensa de su salvación; pues la voz que emite el heraldo de acuerdo a las leyes, justo es considerarla voz común de la patria».
  • Imposibilidad de conocer el futuro, pero necesidad de consejeros sinceros que luchen por la libertad de los ciudadanos: nueva contraposición entre Esquines y Demóstenes (196-211).
  • Continúa el relato de los hechos relacionados con Filipo y la batalla de Queronea (212-222): la alianza con los tebanos y el cambio operado en Filipo.
- 223-296. Argumentación, usada para contraponer otra vez la figura de su acusador a la suya propia. Censura contra Esquines a propósito de su discurso (223-233): su rival no acusó a otros oradores en parecidas circunstancias, y pidió a los jueces que ignoraran la opinión preconcebida como enemigo de Filipo (cuando trataba de demostrar que Demóstenes fue en algún momento partidario de Macedonia). Recuento de fuerzas y recursos atenienses y macedonios, y apoyos logrados por Demóstenes (234-256). El pasaje analiza la actuación del orador, siempre en comparación con la de su rival. Aprendizaje de Demóstenes (257) y, con carácter burlesco, aprendizaje y forma de ser de Esquines (258-266). Servicios públicos prestados por Demóstenes (267-275). Mentiras de Esquines e importancia de la veracidad oratoria (276-284). Apoyo ateniense a la carrera de Demóstenes (285-290). Frialdad de Esquines ante las bajas de la batalla (291-293). Acusaciones y calumnias contra Demóstenes (294). Lista de traidores a la patria (295-296).

- 297-324. Epílogo. La actuación de Demóstenes y el perfil del buen ciudadano (297-309). «No fortifiqué la ciudad con piedras y con ladrillos ni son éstas las obras de las que más me enorgullezco. Pero si quieres examinar con justicia mis fortificaciones, encontrarás armas y ciudades y países y puertos y naves y caballos y gentes dispuestas a defender a éstos». Ataques contra Esquines por no ayudar a la ciudad ni participar en la defensa de su libertad (310-313). Ejemplaridad de Demóstenes entre los oradores (314-323). Invocación final (324).

Esquines: Contra Ctesifonte

Tras la batalla de Queronea (338 aC), los atenienses mantuvieron, extrañamente, su apoyo a los antimacedonios (aunque para tratar con Filipo de Macedonia elegían figuras más próximas a él). Atenas dispensó a Demóstenes un trato de favor en muchas ocasiones, y aunque el propio orador se queja de que tras la derrota fue objeto de múltiples procesos, fue saliendo absuelto de todos ellos.

Esquines se mantuvo al margen de ese acoso, tal vez por tacto político, o tal vez a la espera de una oportunidad más clara, o de un pretexto de mayor envergadura. Tal ocasión le llegó en la primavera de 336 aC, cuando Ctesifonte propuso un decreto para honrar a Demóstenes con una corona de oro por su labor política. Esquines inició una acción pública por ilegalidad contra Ctesifonte, aunque su finalidad última era el ataque frontal a la trayectoria política de Demóstenes. El proceso se alargaría seis años.

En primer lugar, la muerte de Filipo (336 aC) parecía el fin de la hegemonía macedonia, pero su hijo Alejandro echó por tierra los planes de los antimacedonios. Tras la destrucción de Tebas, el nuevo rey de Macedonia exigió a Atenas que le fueran entregados los principales líderes de la revuelta, entre ellos Demóstenes. La intervención mediadora del orador Démades hizo que Alejandro concediera a la Asamblea la potestad para juzgar a sus propios ciudadanos. En la primavera de 334 aC comienza la campaña de conquistas asiáticas de Alejandro. El suelo griego también es testigo de batallas: Agis III, rey espartano, se había atraído a varias ciudades del Peloponeso y había puesto sitio a Megalópolis, pero en el otoño de 331 aC el macedonio Antípatro puso fin a este intento de trastocar la situación establecida por el consejo de Corinto.

En el verano de 330 aC, cuando la situación parece estable, Esquines decide volver a poner en marcha el proceso iniciado seis años antes. Demóstenes subió al estrado como parte de la defensa, y de hecho es probable que Ctesifonte realizara sólo una breve intervención y le cediera el protagonismo. Demóstenes dejó de lado los aspectos legales de la causa, y se entregó a una apología de su línea política. Conservamos también este discurso Sobre la corona.

Esquines se llevaría de nuevo una sorpresa, porque los ciudadanos atenienses decidieron votar por Demóstenes. Tal vez porque les hacía más digna la derrota en Queronea, al atribuirla a la fortuna, o tal vez porque vieron en el juicio una elección entre el pasado glorioso y la dura realidad de su presente. Esquines no sólo perdió el proceso, sino que al no alcanzar la quinta parte de los votos del tribunal debió pagar una multa de mil dracmas.

Éstos son los puntos en que se estructura el discurso de Esquines Contra Ctesifonte:

- 1-8. Proemio.
  • Notoriedad del proceso (1).
  • Importancia de las leyes (2).
  • Situación de caos en la vida legal ateniense (3-4).
  • Oportunidad de las acciones públicas por ilegalidad (5-8).
- 9-167. Narración.
  • Es ilegal la concesión de una corona a un ciudadano que todavía no ha pasado la rendición de cuentas (9-31). Demóstenes, en el momento de la proposición del decreto, era todavía inspector de fortificaciones. Anticipación a una posible defensa: tal vez Demóstenes diga que no era magistrado, y que la construcción de las murallas era un cierto servicio público, o que si era una magistratura, puesto que había hecho una donación de sus bienes y nada había tomado de la ciudad, no está obligado a la rendición de cuentas. Pero contra esa posibilidad Esquines aduce que su rival contaba con diez talentos en comisión del Consejo.
  • Es ilegal la proclama pública en el teatro de Dionisio (32-48). Una corona concedida por el Consejo se anunciaba en la sala del mismo, y una concedida por la Asamblea, en la Pnix. Podría Demóstenes presentar una ley que ordena hacer proclamación pública de las coronas en el teatro si la asamblea popular lo votase, pero Esquines alega que esa ley no se refiere a las coronas de la ciudad, sino a las extranjeras.
  • Es ilegal realizar propuestas sobre motivos falsos y la trayectoria política de Demóstenes no es, para Esquines, merecedora de una corona (49-167): 
  1. 49-57. Preámbulo: planteamiento de los cuatro períodos en que divide la trayectoria política de Demóstenes, supuestamente porque ha oído que así lo hará él en su discurso.
  2. 58-78. Los años de la primera guerra contra Filipo a propósito de Anfípolis (355-346 aC). Después de recordar el asunto de la embajada fraudulenta, dice que Demóstenes fue responsable de la paz, vergonzante y deshonrosa, y de que Atenas no llegase a un acuerdo con el conjunto de los griegos.
  3. 79-105. Los años tras la Paz de Filócrates (346-340 aC). Incluye digresiones sobre su actuación con la coalición de Eubea, y afirma que fue Demóstenes quien promovió la guerra contra Filipo.
  4. 106-158. Los años de la segunda guerra y la derrota de Queronea (340-338 aC). Acusa a Demóstenes de ser responsable de la Guerra Sagrada y de lo sucedido a los focenses, así como de la derrota de Queronea, tras convencer a los ciudadanos de que emprendieran junto a los tebanos la guerra contra Filipo.
  5. 159-167. Los años con Alejandro (338-330 aC). Aclara que Demóstenes sigue una política contraria al poder macedonio.
- 168-254. Censura general contra Demóstenes. Esquines se esfuerza en demostrar que es falsa esa aureola de persona entregada al pueblo que envuelve a su rival. Para ello, sigue el procedimiento de contraponer los rasgos que debe tener una persona entregada al pueblo, con aquéllos propios de Demóstenes. Luego critica la facilidad con que los atenienses conceden títulos honoríficos: entregarle una corona a Demóstenes sería rebajar la valía de quienes la recibieron en el pasado. Por último, hace un repaso a refutaciones generales y posibles contra argumentaciones, insistiendo repetidas veces en que Demóstenes no debería acudir a la defensa de Ctesifonte, pues en ese caso se alabaría a sí mismo, y además falsamente. Exhortaciones a los jueces.

- 255-260. Epílogo. Comparación de Demóstenes con legisladores y hombres prudentes del pasado, para instar a los jueces a votar lo conveniente a la ciudad.

Frases destacadas:

«Nosotros no hemos vivido una vida al menos propia de hombres, sino que hemos nacido para asombro de los que vendrán después de nosotros».

«Merece la pena recordar a los hombres valientes a los que éste (...) envió al peligro bien manifiesto y luego se atrevió –con sus pies prófugos y desertores de su puesto subido sobre el túmulo de los que habían muerto– a ensalzar su valor».

Hiperides: En defensa de Licofrón

Licofrón, importante ciudadano ateniense, fue coronado por los habitantes de Lemnos para agradecerle sus servicios como hiparco (comandante de caballería). Cuando contaba cincuenta años, todavía en la isla, fue acusado por un tal Aristón y por el orador Licurgo de adulterio con una mujer ateniense.

La mujer, hermana de Dioxipo, famoso atleta y vencedor en diversos Juegos Panhelénicos, había quedado viuda muy pronto, y esperaba un hijo en el momento de la muerte de su marido. Éste dejó en su testamento como tutor de su futuro hijo a un tal Eufemo, y añadió algunos herederos para el caso de que el niño muriera. Parece que ese testamento fue aceptado, pero cuando el niño contaba con tres años algunos familiares se unieron para declararlo ilegítimo.

Alegaron que Licofrón era el padre, y presentaron la demanda contra él. Además, afirmaron que, cuando la mujer iba a contraer segundas nupcias con Caripo, Licofrón, a la sazón todavía en Atenas, le había pedido que no consumara el matrimonio, por lo que habría arruinado su futuro (ya que ningún otro hombre querría casarse con ella). El adúltero habría atentado contra la institución familiar, y por tanto (para los de moralismo tan extremo como Licurgo) contra el régimen democrático, por lo que la acusación se llevó a cabo como una eisangelía.

A su regreso, Licofrón contó con la ayuda de Hiperides en un proceso, la eisangelía, pensado en principio para los crímenes contra la ciudad.

El discurso se encuentra en estado fragmentario, lo que dificulta su valoración. Aunque aparecen la claridad elegante, la ironía y la habilidad para el retrato propias de Hiperides, el discurso carece de lucidez jurídica y de fuerza persuasiva, debido quizá a que la manifiesta culpabilidad de Licofrón limitaba los recursos de la defensa. El contenido del discurso es el siguiente:
  • Fragmentos I-III. Llamamiento a los jueces por parte del acusado, que pide conducir su defensa como crea conveniente, sin ser interrumpido. Súplica a los dioses.
  • Fragmento IV y epígrafes 1-7. Argumentación: inconsistencia de los adversarios de Licofrón. Si hubiera actuado en la boda como ellos afirman, Licofrón hubiera sido eliminado y Caripo no se hubiese casado.
  • Epígrafes 8-12. Ventajas del acusador sobre el acusado en los procesos; expedientes a los que recurre Aristón para atenuar la defensa del adversario.
  • Epígrafes 12-13. Abuso de la eisangelía por parte de Aristón y falta de fundamento en sus acusaciones.
  • Epígrafes 14-18. Epílogo: a) contra las calumnias del acusador, el orador se remonta a su pasado; b) el orador apela a los jueces para que, en medio del grave peligro que corre, pueda contar con la ayuda de abogados.

Aparecieron también tres fragmentos de un segundo discurso en defensa de Licofrón, que no parece ser de Hiperides. Tal vez sea de la mano de otro orador de la época, como el abogado Teófilo al que llama Licofrón al final de su discurso, o bien de un imitador tardío, cuyo conocimiento del caso vendría de haber leído los discursos de Licurgo e Hiperides.

Hiperides: Contra Diondas

Una de las primeras medidas que tomó Hiperides cuando entró a formar parte de la Boulé en el año 338 aC fue solicitar una corona para Demóstenes por los servicios prestados a la ciudad. Sin embargo, Hiperides fue denunciado por un tal Diondas, a pesar de que su petición seguía punto por punto los términos de otra solicitud igual realizada por Aristónico dos años atrás, la cual no fue denunciada por rival alguno.

El proceso se alargó varios años, y los acontecimientos políticos y sociales de esa época se verán reflejados en su contenido, aunque siempre desde el punto de vista de un opositor al gobierno macedonio. Aunque también nos sirven para fechar el discurso, que debió pronunciarse al año siguiente de la destrucción de Tebas (335 aC), ya que Hiperides nombra de pasada a los refugiados tebanos en Atenas, pero antes de la batalla del Gránico (mayo del 334 aC), e incluso antes de la partida del ejército conquistador de Alejandro.

Diondas, si hemos de hacer caso a lo que cuenta Hiperides en este discurso, era un acérrimo defensor de Filipo, primero, y después de Alejandro. Se alistó en el proyecto de Filipo de invadir Persia, que nunca se llevó a cabo por la muerte del macedonio, y para el tiempo del presente proceso, acumulaba medio centenar de denuncias, con sus escasos veinticinco años. La ausencia de noticias sobre él posteriores a esta causa, hacen creer que tal vez se unió al ejército grecomacedonio que partió con Alejandro.

De este discurso llama la atención sus paralelismos, tanto en argumento como en estructura, con el Sobre la corona de Demóstenes, que es cuatro años posterior. Esta semejanza ha hecho reconsiderar a los estudiosos el asunto de la originalidad demosténica en la que es considerada su obra maestra. Por supuesto, ambos discursos forman una defensa contra una acusación idéntica y toman una estrategia similar, y ambos oradores trabajaron juntos en varias causas y compartían una visión política muy cercana, por lo que hablar de plagio o copia está fuera de lugar. Más llamativas son sus diferencias, que muestran cómo los dos oradores se habían alejado para el 330 aC. Así, por ejemplo, cuando el presente discurso de Hiperides habla de «nosotros» o «el pueblo» al tratar de lo logrado antes de la batalla de Queronea, Demóstenes simplemente usa la primera persona del singular.

Con sus palabras, Hiperides trata de justificar su actuación en años anteriores, pero también mantener a su lado al pueblo, en caso de futuras rebeliones. No duda en aprovechar la conmiseración causada por ser uno de los antimacedonios perseguidos por Alejandro para lograr el apoyo de los jueces.


Jenócrates

A la muerte de Espeusipo en 339 o 338 aC, Jenócrates queda al frente de la Academia como escolarca (lo que hoy llamaríamos director).

Había nacido en el 396 o 395 aC en Calcedón, pero pronto pasó a Atenas, donde fue alumno de Esquines el Socrático. Se unió luego a Platón, a quien acompañaría en su viaje a Sicilia del año 361 aC. Tras la muerte de Platón en 347 aC, Jenócrates y Aristóteles viajaron a Aso con el patronazgo de Hermias de Atarneo. Allí Aristóteles fundó su primera escuela y casó con Pitia, la hija de Hermias. Tras vencer por pocos votos frente a Menedemo de Pirra y Heráclides Póntico, sucedió a Espeusipo al frente de la Academia, como ya se ha dicho.

Por tres veces fue miembro de una delegación de embajadores para Atenas: una para tratar con Filipo, y dos más con Antípatro. Sin embargo, declinó la oferta de Foción para convertirse en ciudadano ateniense. La anécdota cuenta que posteriormente no fue capaz de pagar la tasa de extranjería, y le salvaría de la esclavitud el valor del orador Licurgo, o bien sería comprado y enseguida emancipado por Demetrio de Falero. Murió en 314 o 313 aC, siendo sucedido como escolarca por Polemón.

En cuanto a su doctrina, se mantuvo muy cerca de las enseñanzas de Platón, aunque abandonó el método de la duda (aporías), para crear un sistema de doctrina más dogmática. Sus escritos cubrieron una gran amplitud de temas, aunque se especializó en ética y metafísica. Los títulos de sus obras identifican estos temas: Sobre el conocimiento, Sobre las divisiones, Sobre los dioses, Sobre el Uno, Sobre lo Indefinido, Sobre la felicidad, Sobre la virtud, etc.

Mantuvo la división de los estudios filosóficos en tres campos, física, ética y dialéctica, aunque los hizo más explícitos y prefirió llamar lógica a la dialéctica. Estimó que la realidad consistía en objetos de percepción, conocimiento y opinión, definiendo esta última como una mezcla de sensaciones y razón pura, y estableciendo las matemáticas como una forma intermedia entre la percepción y el conocimiento.

Definió el alma como un número de voluntad propia, y el principio universal fue para él la dualidad indefinida. Todos los grados de la existencia contendrían lo divino. Identificó los números ideales con los números matemáticos (al contrario que Platón). En el campo de la ética, diferenció un estado entre el bien y el mal, para los conceptos que podían conducir a uno u otro indiferentemente, como la belleza, la salud o la buena suerte. Estimaba la virtud como valiosa por sí misma, y su posesión supondría la felicidad perfecta.

Eudoxo de Cnido

Astrónonomo y matemático de la primera mitad del siglo IV aC. Aunque no nos ha llegado ninguna de sus obras, se conservan fragmentos gracias a escritos de autores posteriores, como el comentario de Hiparco a un poema de Arato sobre la astronomía o el estudio de geometría esférica realizado por Teodosio de Bitinia, basado probablemente en un trabajo de Eudoxo.

Nació en el 408 aC. Al parecer viajó en su juventud a Tarento, donde estudió matemáticas con el pitagórico Arquitas, y a Sicilia, aprendiendo medicina con Filistión de Locri. Hacia el 387 aC recaló en Atenas, junto al también médico Teomedonte, con el fin de estudiar con los seguidores de Sócrates. Allí se quedó durante varios meses, asistiendo a las clases de Platón.

Debido a su pobre situación económica, fueron sus amigos quienes le pagaron su viaje a Heliópolis, donde continuó sus estudios de astronomía y matemáticas. Allí permaneció durante dieciséis meses, y luego embarcó hacia Cícico, en la Propóntide, antes de visitar la corte de Mausolo. En el 368 aC regresó a Atenas junto con los estudiantes que se le habían unido. Algunas fuentes indican que quedó al frente de la Academia cuando Platón, marchó a Siracusa en el 367 aC, y que Aristóteles fue alumno suyo.

Finalmente regresó a su Cnido natal, donde participó en el desarrollo de la ciudad. Entre otras cosas, mandó construir un observatorio. Continuó escribiendo sobre teología, astronomía y meteorología hasta su muerte, ocurrida en 355 aC.

Es conocido por haber introducido la noción de la esfera astronómica y sus tempranas contribuciones para el entendimiento del movimiento de los planetas. Nos han llegado los títulos de algunas de sus obras: Desapariciones del Sol, que trataría de los eclipses; Oktaeteris, sobre un calendario lunisolar de ocho años; Sobre velocidades, analizado por Aristóteles en su Metafísica, estudiaría el movimiento de los planetas; y Phaenomena y Entropon, que versarían sobre astronomía esférica

En el campo de las matemáticas, desarrolló el método exhaustivo de Antifonte (precursor del cálculo integral) y creó un sistema basado en conceptos geométricos (líneas, ángulos, áreas, volúmenes). Una parte de los Elementos de Euclides proceden de estudios que son atribuidos a Eudoxo.

Por lo que respecta a la filosofía, en la Ética nicomaquea de Aristóteles se expresan sus ideas hedonistas: el placer es un bien, ya que todos los seres lo buscan por sí mismo, y de su contrario, el dolor, todos huyen.

Hiperides: Sobre el tratado con Alejandro

Tras la batalla de Queronea (338 aC), las ciudades griegas se encontraron con una paz impuesta y mantenida por Macedonia. Por voluntad del vencedor se creó una confederación que tenía su sede en Corinto. Un tratado obligaba a mantener la paz entre las ciudades y respetar sus respectivas constituciones. Además, el objetivo de la liga de Corinto era, porque así los disponían los macedonios, el imperio persa. En distintos puntos de Grecia iban restableciéndose, con el apoyo macedonio, las viejas tiranías; mientras los regímenes democráticos iban sintiéndose cada vez más amenazados.

Tras el asesinato de Filipo II (336 aC), Atenas intentó en varias ocasiones reconquistar por las armas la libertad perdida. En una de ellas fue pronunciado este discurso, probablemente antes de la destrucción de Tebas por Alejandro (335 aC), que a la sazón contaba con veinte años.

Aunque la tradición hizo a Demóstenes padre de este discurso, ya muchos críticos de la Antigüedad negaron su autoría. La pieza carece de los rasgos de su estilo, tanto en la disposición del argumento como en la selección del vocabulario, la estructura de los períodos o el tono de la alocución. Algunos neologismos hicieron pensar que el autor pudiese ser Hiperides, a quien se le achaca no ser cauteloso en la elección del léxico. No es gratuita esta sugerencia, habida cuenta de que el contenido debió ser escrito por un orador de clara orientación antimacedonia.

La obra no carece de energía en ciertos pasajes. Además, conforma un documento histórico de una época de transición, durante la que el mundo helénico se debate entre la añoranza por la libertad del pasado y el nuevo imperio que se le viene encima.

Éste es el esquema del contenido, numerando sus epígrafes:
  • 1-2: Es necesario que los juramentos y tratados sean cumplidos por todas las partes implicadas.
  • 3-14: Sobre las constituciones y gobiernos. Recuerdo de la expulsión de los Pisistrátidas, tiranos de Atenas (3), y comparación con la restauración por parte de Alejandro de los hijos de Filíades, tiranos de Mesenia (4). El tratado obligaría a luchar contra Alejandro por este hecho, así que el orador exhorta a sus conciudadanos a alzarse contra él en compañía de las ciudades que quieran acompañarlos (5-9). El tratado también ordena mantener las constituciones, algo que no se ha seguido en Pelene, donde Alejandro impuso a Querón como tirano (10). Aunque los promacedonios insistan en mantener la paz (11-13), es necesario darse cuenta de que los regímenes democráticos están desapareciendo (14).
  • 15-18: Sobre la paz. Los miembros del consejo general deben asegurarse de que no se produzcan ejecuciones ni destierros que incumplan las leyes de las ciudades, pero más bien ayudan a que se produzcan (15). El tratado impide que salga de las ciudades gente alzada en armas contra otra ciudad de la liga, pero los macedonios nunca han depuesto sus armas (16). Esto los excluiría del tratado de paz (17-18).
  • 19-28: Sobre el imperio del mar. También impiden los juramentos conducir a puerto por la fuerza a embarcaciones de las ciudades confederadas (19), pero los macedonios lo hicieron con los barcos mercantes que transportaban el trigo del Ponto, hasta que los atenienses armaron cien trirremes para evitar esta piratería (20). Nueva diatriba contra los promacedonios que intentan mantener la paz (21-25). Sobre la incursión de una trirreme macedonia en el Pireo y las intenciones que ese hecho deja traslucir (26-28).
  • 29-30: Recuerda de nuevo que las ciudades deben mantenerse en el tratado, lo que incluye hacer la guerra contra las que lo incumplan; en este caso, Macedonia.

Hiperides: Contra Filípides

De este discurso sólo se conservan pequeños fragmentos, siendo el más importante el que parece corresponder a su parte final. Tuvo que ser pronunciado tras la paz de Démades (338 aC), pero antes de la muerte de Filipo II (336 aC).

La obra recoge una acusación por ilegalidad contra un personaje del que sabemos que fue miembro de la facción promacedonia, pero poco más. Poco después de la batalla de Queronea, tras aprobarse en la Asamblea una proposición para honrar a algunos macedonios, Filípides dio un paso más y sugirió que se honrara con una corona a quienes habían propuesto dicha medida.

Los antimacedonios presentaron un recurso por ilegalidad, siendo Hiperides uno de los acusadores, pero ni el primero ni el más importante. En la parte no conservada del discurso es obvio que debía hablar de Filipo y Alejandro, contraponiéndolos a otros personajes del pasado que se ganaron la gratitud de Atenas. Al comienzo del fragmento que conservamos, el orador ataca los apoyos macedonios en la ciudad: Filípides y Demócrates de Afidna.

Los fragmentos más breves y el comienzo del más extenso (epígrafes 1 al 3) conforman ataques contra aquéllos que, como Filípides, apoyan la política de ayuda a Macedonia. El resto formaría un epílogo: el orador reasume el objeto del discurso y refuta un previsible argumento de la defensa (epígrafes 4-6), niega a Filípides la benevolencia y la piedad de los jueces por ser un adulador y un siervo de los tiranos (7-9), resume los motivos por los que debe ser acusado (10-12) y realiza una exhortación final a los jueces (13).

En cuanto a su valoración literaria, encontramos un estilo brillante y un tono vibrante y desdeñoso en ocasiones.

Hiperides: Introducción

Contamos para este autor con el tomo Oradores menores, con introducción, traducción y notas de José Miguel García Ruiz (con colaboración de Cristóbal Macías Villalobos para lo primero), publicado por la editorial Gredos. El discurso Sobre el tratado con Alejandro se realiza sobre la traducción y notas del tomo sobre Demóstenes, realizadas por A. López Eire y J. M. Colubi Falcó. Para el descubierto más recientemente Contra Diondas contamos con el texto de Juan Muñoz Flórez publicado por la Universidad Complutense.

De entre los Antiguos, dejando aparte referencias breves, la fuente principal de su biografía es Vidas de los diez oradores (pseudo Plutarco), además de lo que escribió Hermipo de Esmirna en Los discípulos de Isócrates. De sus obras nos han llegado algunos manuscritos en papiros procedentes de las tumbas del alto Egipto y datadas entre los siglos II aC y II dC.

Hiperides era hijo de Glaucipo, perteneciente a la burguesía acomodada y miembro del demo ateniense de Colito. Sabemos que nació hacia 390 aC, ya que en el año 330-329 aC aparece en la lista de árbitros públicos (cargo reservado para los ciudadanos de al menos 60 años). Tuvo un hijo, llamado Glaucipo como su abuelo, que llegó a ser orador y escritor de discursos. De su vida privada, se contaba su afición al vino y a la buena mesa, al juego y a las prostitutas.

Fue discípulo de Isócrates, y tal vez también de Platón (aunque este último dato podría basarse en una coincidencia de cierto pasaje). No tendió, sin embargo, a la vida especulativa, sino que fue un hombre práctico, inmerso en la vida cotidiana.

Su primera actividad profesional fue la de logógrafo, y llegó a convertirse en un famoso abogado al que se acusaba de no mostrarse escrupuloso en la elección de clientes y causas. Entró pronto en la vida pública, interviniendo en asuntos de claro matiz político. Así, en 362 aC presentó una demanda por ilegalidad contra el poderoso Aristofonte de Azenia, por las extorsiones cometidas como estratego en la isla de Ceos. Al año siguiente participó en la acusación contra el estratego Autocles, quien no había sabido aprovecharse de las disensiones de los príncipes tracios.

Sigue un largo período de aparente silencio, roto cuando Demóstenes, al frente del partido antimacedonio, se hizo cargo de los asuntos públicos. En 343 aC Hiperides demandó a Filócrates, el responsable de la paz de 346 aC, bajo la acusación de haber firmado el tratado por el soborno recibido. El demandado huyó al exilio, y a partir de ese momento Hiperides ocupó un importante puesto en la facción antimacedonia. Sustituyó a Esquines como representante ateniense en la disputa contra Delos por el control del santuario de Apolo, triunfando con su Discurso de Delos.

En 341 aC, junto a Demóstenes, viajó a Quíos y Rodas para conseguir aliados contra Filipo II. Al año siguiente, cuando Atenas trataba de recuperar Eubea, Hiperides reunió contribuciones privadas para equipar cuarenta trirremes, pagando él mismo dos de su bolsillo. Durante el asedio de Bizancio realizado por Filipo, participó como trierarco de la flota enviada por Atenas.

Tras la batalla de Queronea, en la que no participó por ser miembro de la Boulé, su actividad aumentó. Durante la crisis causada por la derrota, propuso que se concediera la ciudadanía a los metecos, que se liberara y armara a los esclavos, y que los objetos sagrados, los niños y las mujeres fueran llevados al Pireo para salvaguardarlos. Cuando más tarde fue acusado por el célebre orador y sicofanta Aristogitón, por considerar estas medidas contrarias a la constitución, se salvó diciendo que las armas macedonias le habían nublado la vista, y que esas ideas no eran suyas, sino de la batalla de Queronea.

Aunque el poder en Atenas era ahora de los promacedonios, Hiperides no cejó en su empeño de mantener a raya a sus enemigos políticos. En 336 aC presentó una demanda contra Démades por haber pedido la proxenía para Eutícrates, quien entregó la ciudad de Olinto a los macedonios, y otra contra Filípides por solicitar una corona para algunos presidentes de la Asamblea que habían concedido recompensas a macedonios o amigos de macedonios.

Continuó su labor como logógrafo hasta 324 aC, cuando estalló el asunto de Hárpalo: este personaje, tesorero de Alejandro, había huido con gran cantidad de dinero, y para guardarse de la ira de los macedonios había sobornado a gran cantidad de ciudadanos atenienses con el fin de obtener asilo. Hiperides actuó como acusador, logrando la condena, entre otros, de su amigo Demóstenes. Es posible que ya se encontraran distanciados, pues Demóstenes había optado tras la derrota de Queronea por una política más transigente, o tal vez Hiperides antepusiera el bienestar de la patria o la voz del pueblo a su amistad.

Poco después murió Licurgo, y contra sus hijos presentó una demanda Menesecmo, un orador de la facción promacedonia, por un supuesto déficit que su padre había dejado en el Tesoro. En defensa de la memoria de su compañero intervino Hiperides, acompañado tal vez por Demóstenes, logrando la absolución.

Tras la muerte de Alejandro en 323 aC, recorrió el Peloponeso para animar a las ciudades a rebelarse contra Antípatro. Parece que durante este viaje se reconcilió con Demóstenes, que habría viajado con el mismo propósito. Al año siguiente estalló la guerra lamiaca, que Hiperides dirigió junto a Leóstenes, el general nombrado por los atenienses. En 322 pronunció su Discurso fúnebre en honor a los atenienses caídos ante Lamia. A Atenas sólo le quedaba la rendición incondicional.

Condenado a muerte junto con Demóstenes y algunos otros, consiguió huir a Egina, donde fue capturado por Arquías de Turios, y entregado a Antípatro. Torturado y ejecutado en ese mismo 322 aC, su cuerpo quedó insepulto. Se dice que Alfínoo, su nieto o su sobrino, con ayuda del médico Filopites, recuperó el cadáver, lo incineró, y enterró sus cenizas en la tumba familiar.

En cuanto a su estilo y su valor como orador, no debemos olvidar que los eruditos alejandrinos lo incluyeron en el canon como uno de los diez oradores áticos, lo que da prueba de la estima en que se le tenía. El autor de Lo sublime lo compara con un campeón de pentatlón que destaca en todos los aspectos de su arte sin ser el primero en nada. Manejaba con habilidad la ironía y el sarcasmo sin perder la gracia ni la compostura, aunque le faltaba grandeza literaria y auténtica pasión. Su vocabulario es fácil, abundante y capaz de causar familiaridad; su frase, descuidada a veces, es firme, incisiva e ingeniosa. En su lenguaje, la omisión del artículo y el uso de preposiciones en giros insólitos son muestra de la transición de la lengua ática hacia la koiné o lengua común. En la argumentación se muestra hábil y penetrante, y en sus narraciones muestra ingenuidad persuasiva.

Muy conocida es la anécdota según la cual en su discurso en defensa de la hetaira Friné, amiga y modelo de Praxíteles, uno de sus principales argumentos para impresionar y convencer al tribunal fue mostrar el busto desnudo de la mujer. Esto ilustraría su tendencia a mezclar el argumento serio con la broma irónica.

En la Antigüedad se le atribuyeron setenta y siete discursos, aunque ya pseudo Plutarco consideraba auténticos sólo cincuenta y dos. La mayoría fueron discursos judiciales de temática diversa. De toda su producción, los hallazgos papiráceos permitieron recuperar fragmentos de extensión considerable pertenecientes a seis discursos, a los que debemos añadir los dos encontrados en el palimpsesto de Arquímedes.
  • Contra Filípides, pronunciado en algún momento entre 338 y 336 aC. Sólo se conservan pequeños fragmentos.
  • De 336 aC es Sobre el tratado con Alejandro, discurso cuya autoría es muy discutida. Aunque algunos estudiosos ven en él la mano de Hiperides, sólo podemos decir que fue realizado por un antimacedonio, pero no cuenta con el estilo demosténico.
  • Contra Diondas, obra de 334 aC.
  • En defensa de Licofrón, datado con muchas dudas hacia 333 aC.
  • Contra Atenógenes, pronunciado entre 330 y 324 aC. Está bastante bien conservado.
  • En defensa de Euxenipo, de fecha incierta, pero que se puede situar también entre 330 y 324 aC. Es el único que conservamos completo.
  • Contra Demóstenes por el asunto de Hárpalo, de 323 aC. Nos ha llegado muy mutilado.
  • Discurso fúnebre, de 322 aC. Uno de los mejor conservados.

Demóstenes: Discurso fúnebre

Sabemos por el propio Demóstenes que el pueblo ateniense le pidió que escribiera un epitafio en honor de los soldados caídos en la batalla de Queronea (338 aC).

La obra que nos transmiten los manuscritos parece sometida a las severas leyes que dominan este género, donde aparecen expresados necesariamente el elogio de los difuntos y el consuelo de sus familiares. Nos queda un texto poco original, que comparte características con obras similares de Lisias y Platón, con influencias del Pericles que nos representa Tucídides, con frases de estilo elevado que recuerdan el modo de Gorgias y palabras poéticas que dan testimonio de los trenos líricos en los que figuraba anteriormente el epitafio. En la temática, también encontramos tópicos y coincidencias: el carácter autóctono de los atenienses, su victoria sobre las Amazonas, las leyendas de los Heraclidas y los Siete contra Tebas, las Guerras Médicas, las ventajas del sistema democrático, la suerte de los caídos por no tener que soportar la vejez, la gloria de sus familiares, etc.

Fue el mismo Demóstenes quien se encargó de organizar el banquete fúnebre, al que asistieron los familiares de los difuntos. Éstos fueron distribuidos en diez grupos, las diez tribus atenienses, y de ahí la atención extraordinaria (por lo inhabitual en este tipo de escritos) dedicada a las mismas en la breve pieza que nos ocupa.

Autores de la Antigüedad (Dionisio de Halicarnaso, Harpocración, Libanio, Focio) negaron la paternidad demosténica de este texto. A su favor, la tradición manuscrita, y el hecho de que a pesar de las encorsetadas formas del género, no dejan de aparecer giros propios del estilo de Demóstenes y figuras retóricas con la sobriedad que lo caracteriza. Además, el hecho de que el autor ensalce a los caídos en una batalla que resultó una gran derrota ateniense, y en la que el propio Demóstenes tuvo su responsabilidad, parece apoyar este juicio.

Isócrates: Cartas

La tradición nos ha trasmitido nueve cartas atribuidas a Isócrates, aunque la autenticidad de algunas es todavía motivo de controversia entre los estudiosos, y su transmisión exacta varía según los manuscritos. Todas ellas están dirigidas a personajes políticos de primera fila, y salvo la IV y la VIII (que contienen recomendaciones), las demás son consejos políticos, donde destaca la idea panhelénica constante en la producción de Isócrates.

Éstas son las epístolas, presentadas en orden cronológico pero numeradas según la transmisión tradicional.

Carta VI

Dirigida a los hijos de Jasón, tirano de Feras que fue asesinado el 370 aC. Isócrates les aconseja renunciar a la tiranía y establecer un gobierno aceptado por sus conciudadanos, así como reanudar con Atenas las buenas relaciones que tenía su padre. La carta está incompleta, tal vez por un cambio en la situación política, y es la que presenta más dudas sobre su autenticidad.

Carta I

Dirigida a Dionisio el Viejo, tirano de Siracusa entre 405 y 367 aC. Constituye el primer intento de Isócrates de que sea un príncipe y no Atenas la cabeza de una confederación panhelénica. El progresivo acercamiento entre Dionisio y Atenas sellado con un tratado de alianza el 367 aC, hace situar la fecha de escritura de la misiva en esta fecha. La muerte del tirano en ese mismo año explicaría que la redacción se interrumpiese.

Carta IX

Dirigida a Arquidamo III, rey de Esparta (a quien ya escribió Isócrates un discurso). La intención es la misma que en la epístola a Dionisio: animar a Arquidamo a emprender una campaña panhelénica contra Persia, la cual sufre graves problemas internos. También está inconclusa, aunque la fecha es más segura, ya que Isócrates dice tener 80 años (lo que la situaría en 356 aC).

Carta VIII

Dirigida a los magistrados de Mitilene, en demanda de amnistía para Agenor, profesor de música de los nietos de Isócrates. La fecha podría situarse hacia 350 aC, pues se habla de Timoteo ya muerto (lo que ocurrió en 354 aC) y la tiranía se estableció en Mitilene hacia 347 aC; además, se dice que el general Diofanto está en Asia, lo que ocurrió cuando luchaba junto al rey de Egipto, Nectanebo, contra Artajerjes Orco, en la campaña de 351-350 aC.

Carta VII

Dirigida a Timoteo, hijo de Clearco (el tirano de Heraclea y antiguo discípulo de Isócrates). Le felicita por el éxito de su buen gobierno, y le recomienda al portador de la misiva, un tal Autocrator. Timoteo comienza a gobernar entre 346 y 345 aC, y la epístola sería poco posterior.

Carta II

Dirigida al rey Filipo II de Macedonia, dos años después de dedicarle un discurso. Isócrates le aconseja que refrene su temeridad y no se exponga a peligros innecesarios (Filipo fue herido durante la campaña contra los ilirios en la primavera de 344 aC). Intenta también la reconciliación entre Atenas y el rey macedonio, y tal vez la embajada enviada en 343 aC por Filipo (y rechazada por los atenienses) fuera un eco de la misiva.

Carta V

Dirigida a Alejandro de Macedonia. Un breve mensaje que acompaña a una carta a Filipo, probablemente perdida. Contiene algunos consejos sobre la educación del joven príncipe, que entonces estaba bajo la tutela de Aristóteles. La carta trasluce la rivalidad entre las escuelas cuando se trató de designar un preceptor para Alejandro. La fecha se sitúa entre 342 y 340 aC, cuando se inicia la guerra entre Atenas y Filipo.

Carta IV

Dirigida a Antípatro, regente de Macedonia, para recomendar a un tal Diodoto. Antípatro acudió como embajador a Atenas en 346 aC, y probablemente también en 344 y 342 aC. Las buenas relaciones de Isócrates, partidario de Filipo, con el embajador de éste explicarían el tono amistoso de la misiva. El carácter familiar, inhabitual en Isócrates, y algunas cuestiones lingüísticas han hecho muy debatida su autoría. Como Isócrates menciona la beligerancia entre Atenas y Macedonia, la fecha se situaría en 340 o principio de 339 aC.

Carta III

Dirigida a Filipo II, tras la batalla de Queronea (otoño de 338 aC). Isócrates, que moriría poco después, vuelve a aconsejar a Filipo la expedición contra Persia.

Isócrates: Panatenaico

Un extenso último discurso de Isócrates, que contaba con 97 años cuando lo terminó, en 339 aC. El mismo autor nos dice en la obra que ésta sufrió un retraso de tres años porque sufrió una grave enfermedad.

El discurso es una defensa de Atenas frente a Filipo. Después de la paz firmada en 346 aC, el macedonio había comenzado la conquista de Tracia, enviado tropas a Eretria, en Eubea, y concertado un tratado con Argos, Mesenia y Megalópolis. Demóstenes, con sus tercera y cuarta Filípicas (341 aC), había logrado reunir en una liga los estados de Eubea, Acarnania, Acaya, Corinto, Mégara, Leúcade y Corcira.

Sigue existiendo en el anciano orador esa admiración por la patria y por la actividad de ciertos hombres de estado particularmente ilustres, pero también hay en la obra un elogio por las instituciones espartanas. Insiste el autor en los presupuestos de su escuela y se defiende de sus rivales. Pese a su longitud, la obra destila frescura gracias al debate sobre el discurso dentro del propio discurso. Lamentablemente, al año siguiente de su pronunciamiento, el mismo de la muerte del orador, Filipo triunfó en Queronea.

El esquema del Panatenaico quedaría como sigue:
  • 1-38. Introducción: Reflexiones personales del autor. Propósito de la obra: hablar de las hazañas de la ciudad y de los méritos de los antepasados. Crítica de otros oradores: «se insultan entre ellos mismos en las asambleas por una garantía depositada en manos de un tercero, o injurian a los aliados o acusan en falso a cualquiera de los demás. En cambio, yo he sido autor de los discursos que animan a los griegos a la mutua concordia y a la expedición contra los bárbaros».
  • 39-107. Elogio de Atenas, que siempre ha superado a Esparta en poderío, hazañas y beneficios para los griegos.
  • 108-176. Alabanza del sistema de gobierno ateniense desde sus orígenes, enlazando con una justificación míticohistórica.
  • 177-185. Crítica de Esparta, cuya historia se estudia desde la venida de los dorios al Peloponeso.
  • 186-199. Nuevo elogio de Atenas. «Se mantuvieron fieles a las costumbres que tenían gracias a gobernarse bien. Se engreían más por su disposición de espíritu y por su inteligencia que por los combates producidos, y todos admiraban más esa constancia y prudencia que el valor demostrado en los peligros mismos».
  • 200-265. Larga digresión donde aparecen los discípulos de Isócrates, que en la ficción del discurso harían el papel de oyentes. Ante la crítica de un discípulo admirador de Esparta, se templan los juicios vertidos anteriormente sobre esta ciudad.
  • 266-272. Cierran la obra unas reflexiones de carácter personal.

pseudo Demóstenes: Respuesta a la carta de Filipo

En el año 340 aC se inició una guerra abierta entre Atenas y Filipo II. Fue el rey macedonio quien, mediante una carta, declaró el conflicto armado. Por ciertas referencias (Dídimo resume algunos fragmentos, y copia íntegramente el final, y Demóstenes comenta diversos apartados en Sobre la corona, aunque sabemos que la versión que presenta es falsa, o cuanto menos está falseada) sabemos que no ha llegado a nosotros esa carta. Es posible, sin embargo, que se redactara una versión más abreviada de dicho texto, y sea ésta con la que contamos, pues responde a lo que podría esperarse de Filipo en ese momento, y no hay detalles que puedan llevar a considerarla incorrecta desde el punto de vista histórico. Quien la redactó (probablemente un secretario del monarca) era ducho en los procedimientos retóricos de su tiempo, tal y como se percibe de su precaución para evitar el hiato y otros procedimientos que recuerdan el particular el estilo de Isócrates.

En esa carta, Filipo envía una serie de quejas, como la falta de atención dedicada a los embajadores mandados por él a Atenas, los contactos atenienses con Persia para crear una alianza defensiva contra Macedonia, o la incitación del general ateniense Diopites a los bizancios para que lucharan contra Filipo.

El corpus demosténico nos deja una Respuesta a la carta de Filipo, pero es sólo una falsificación. En ella no se responde a las acusaciones vertidas en la carta que hemos resumido, y además es algo posterior, pues se alude al levantamiento del sitio de Perinto y al comienzo del de Bizancio, algo que todavía no había sucedido en el momento de redacción de aquélla. El texto está lleno de giros y expresiones tomados de las obras de Demóstenes, o reelaborados a partir de ciertos pasajes. Incluso podría afirmarse que se trata de un discípulo de Isócrates que desea superar a Demóstenes, y algunos ven en el texto, como ya sucedía con el Contra Filipo IV, la mano de Anaxímenes. Por si fuera poco, que aparezca una frase extraída de Sobre el Haloneso, parece indicar que el verdadero autor tomó esta obra por puramente demosténica, lo que supondría que es bastante posterior en el tiempo.

En la carta, el orador da ánimos a sus conciudadanos para hacer frente al enemigo. Los dioses los apoyarán, pues Filipo ha roto los acuerdos; no será difícil encontrar aliados en Bizancio o Tesalia, incluyendo la ayuda económica de Persia; los macedonios buscan su propia seguridad y no la gloria de su rey. Por último, recuerda la gloria de los antepasados en conflictos anteriores.

pseudo Demóstenes: Discurso sobre el amor

Ejemplar de la oratoria epidíctica o de aparato, en el que su autor, que no es un sofista ni un verdadero filósofo, reconcilia puntos de vista irreconciliables mantenidos por Isócrates y Platón, y combina las consideraciones de Lisias sobre el amor, ajenas a la moral, con el idealismo del Sócrates platónico.

Formalmente, es también una amalgama, pues participa del diálogo y la epístola, y aúna el discurso encomiástico con la exhortación. El elogio del joven Epícrates se realiza siguiendo las normas de la belleza en la juventud: distinción entre belleza del cuerpo y virtud del alma, entre las dotes naturales y las virtudes adquiridas, elogio de la valentía, interrelación del esfuerzo físico y la afición a la filosofía, etc.

Aunque en los manuscritos el discurso va a nombre de Demóstenes, ya los antiguos rechazaron de plano esa posibilidad, basándose en argumentos estilísticos. Pero el género epidíctico está muy sometido a unas reglas y leyes estrictas, y la obra tampoco es indigna de la elocuencia demosténica.

La abundancia de teorías y puntos de vista (Isócrates, Platón, Aristóteles) y el hecho de que en la lengua de la obra asomen rasgos de la koiné, permiten suponer una fecha en torno al 340 aC. El texto comparte muchas ideas con la Retórica a Alejandro, obra que sería un poco posterior.

Éste es el esquema de la obra, siguiendo la numeración de sus epígrafes:
  • 1-2. Introducción al diálogo. El personaje que habla, y que se dispone a leer el discurso que tiene en la mano, expone los puntos que se dispone a tratar.
  • 3-7. El amor debe fundamentarse en no pedir nada vergonzoso al amado. Motivos que causan el presente discurso: mostrar las cualidades de Epícrates y la buena voluntad del amor que genera.
  • 8-33. Elogio de Epícrates, basado en la acumulación de virtudes: belleza (10-16), discreción (17-21), valentía (22-29), comparación con semidioses (30), elogio a los parientes (31).
  • 34-50. Diversos consejos para que Epícrates se dedique a la filosofía, la mayor empresa humana.
  • 51-57. Amistad del autor hacia Epícrates, y su buena voluntad al aconsejarle acudir a la filosofía. Los buenos amantes deben esforzarse en hacer brillantes a sus amados.

Teopompo

Historiador del siglo IV aC cuyo trabajo sólo conocemos gracias a las referencias de otros autores.

Nació en Quíos, hacia el 380 aC. Su padre, Damisístrato, le proporcionó una educación esmerada, y se sabe que en Atenas asistió a la escuela de Isócrates. La familia se vio obligada a partir al exilio debido a su filolaconismo, aunque bajo la influencia de Alejandro Magno, Teopompo pudo regresar a Quíos hacia el 333 aC, y formó parte del partido aristocrático. Tras la muerte de Alejandro fue expulsado de nuevo, y se refugió junto a Ptolomeo. La fecha exacta de su muerte es desconocida.

Al comienzo de su carrera, Teopompo destacó en el género epidíctico, y logró vencer en el año 352-351 aC un premio de oratoria entregado por Artemisia II de Caria en honor de su marido. Sin embargo, por consejo de Isócrates se dedicó a la historiografía.

Fue autor de unas Helénicas, que continúan la obra histórica de Tucídides, desde el 410 aC hasta la batalla de Cnido (394 aC). Es una obra menos citada, y tendría menor importancia, tal vez por ser parte de su etapa inicial. La obra menciona a Heróstrato y la quema del Templo de Artemisa, provocando así que el incendiario lograra su objetivo de obtener fama mediante el sacrílego delito.

La entrada en la política griega de Filipo II de Macedonia invalidó el esquema previo. En las Filípicas, Teopompo usa un estilo moralista para criticar la vida privada de Filipo, mientras al mismo tiempo apoya sus acciones políticas. Fue una obra muy extensa, con numerosas digresiones sobre los nombres y las costumbres de razas y naciones diversas. Filipo V, siglo y medio más tarde, realizó una versión que eliminaba de la historia todo lo que no tuviera conexión con Macedonia, dejando en 16 libros los 58 originales. Otro defecto de la obra es la aparición de historias románticas e increíbles, en lo que parece un claro intento por abarcar lo más posible, sin filtrar la información ni las fuentes.

También escribió una Diatriba contra Platón y un tratado Sobre la piedad., aunque algunos estudiosos los consideran fragmentos de las digresiones habidas en las Filípicas.

Demóstenes: Contra Filipo IV

Esta obra en realidad es una composición de diversos retazos o fragmentos, muy probablemente de Demóstenes, pero urdida por un redactor posterior.

Más de la mitad de la obra está tomada del Sobre los asuntos del Quersoneso, casi palabra por palabra. El inicio parece ser un exordio marcadamente genérico, aplicable a cualquier discurso contra Filipo, y lo mismo puede decirse del epílogo. Hacia la mitad del discurso aparecen sendos proemios, destinados a discursos en contra de Filipo y cargados de fraseología recurrente.

Además, el discurso defiende las reparticiones de dinero, contra las que en otras obras Demóstenes arremete con violencia.

El estilo es, sin duda, demosténico; pero la obra es un cosido de bosquejos o bocetos. Es posible que los primeros editores del corpus de Demóstenes se encontraran con estos fragmentos de discurso, y se empeñaran en dar forma a una obra completa, o bien alguien cercano al orador decidió que no debía perderse ni una muestra de la oratoria ática.

De cualquier forma, la obra incide en los mismos asuntos: la ambición de Filipo y la necesidad de enfrentarse a él, después de prepararse adecuadamente y aliarse a las otras ciudades griegas.

Demóstenes: Contra Filipo III

Discurso pronunciado poco después del titulado Sobre los asuntos del Quersoneso, en 341 aC. La situación no ha variado mucho: Filipo II de Macedonia sigue ocupado en su campaña de Tracia, amenazando el Quersoneso y Bizancio, y Demóstenes alienta de nuevo a sus conciudadanos para que envíen refuerzos y fondos a Diopites, el general enviado al lugar por Atenas.

Como dice el orador en esta obra, Filipo es más temible que nunca, ya que ha logrado instalar tiranos en Eubea, frente a la mismísima Atenas. Se ha convertido en un general exitoso, y su habilidad política le ha granjeado la amistad de muchos agentes en las ciudades griegas.

Demóstenes ofrece dos principios básicos de acción: por un lado neutralizar a los partidarios del monarca de Macedonia y por otro mantener a buena distancia al enemigo y persuadir a las demás ciudades de la conveniencia de unirse en defensa de la libertad de Grecia. De principio a fin, se recalca la amenaza que constituye la ambición de Filipo. Acabado su discurso, Demóstenes presentaría un proyecto de decreto, que aunque no conservamos podemos intuir: nuevos impuestos para formar una flota y un ejército, envío de diferentes embajadas, etc.

Demóstenes: Sobre los asuntos del Quersoneso

En 342 aC, Filipo II de Macedonia emprendió una nueva campaña en Tracia, sobre todo dirigida contra Cersobleptes, aliado de Atenas, y también con la intención de tomar los estrechos a través de los que llegaba el trigo procedente del Ponto Euxino, llamado el granero de Atenas. Aunque a raíz de la pasada Guerra Social los atenienses habían perdido el control del Bósforo, resultaba para ellos peligroso que Filipo se adueñara de él y estableciese bases en Bizancio y Perinto.

Todavía contaban con el Quersoneso tracio, y con el propósito de defender el lugar y acudir en defensa de Bizancio si Filipo avanzaba hacia allí, Atenas envió a un grupo de colonos a las órdenes de Diopites. Cardia, una ciudad de la península del Quersoneso, se niega a darles acogida. Diopites, a pesar de que la población contaba como independiente en los últimos tratados, contrata un grupo de mercenarios y se dispone a atacarles. Cardia pidió entonces ayuda a Filipo, quien envió un contingente macedonio y logró cambiar de idea a Diopites, que pasó a saquear un territorio tracio que estaba en manos de Macedonia, obteniendo un buen botín.

Filipo hizo llegar a Atenas su protesta, amenazando abiertamente a sus habitantes. Esto causó que en la primavera del 341 aC, el pueblo se reuniera para deliberar sobre la situación. Los filomacedonios proponen desautorizar a Diopites y enviar al Quersoneso a otro general. En el presente discurso, intuyendo que la guerra entre Atenas y Filipo es ya inevitable, Demóstenes exhorta a sus conciudadanos a hacer frente a la invasión de los macedonios donde quiera que se produzca, sea en los estrechos como en el Ática. Propone una vez buscar la alianza con otras ciudades para luchar contra los ambiciosos planes de Filipo, formar un ejército dispuesto en todo momento, y enviar apoyo económico a Diopites para que su situación sea más estable. Por último, se enfrenta a los grandes adversarios de sus planes: el propio pueblo ateniense, que no quiere oír hablar de mayores sacrificios, y los partidarios de Filipo, dispuestos a fomentar la indolencia y a acusar de causar la guerra a los antimacedonios.

pseudo Demóstenes: Sobre el Haloneso

Aunque este discurso coincide con los puntos de vista de Demóstenes, no parece escrito por el orador. Sabemos que escribió un discurso con este título, pero es posible que la presente obra lo suplantara en el corpus trasmitido del autor. Es indudable que pertenece a su misma época. Sin embargo, carece del vigor y la fuerte trabazón de la argumentación que se perciben en otras obras de Demóstenes, y no hay posible comparación entre el estilo demosténico y la sucesión de breves discusiones sin una clara línea directriz. Existe una exposición metódica y detallada de ideas, pero sin ligazón entre las partes y la subordinación a un tema fundamental.

Libanio, siguiendo a algunos críticos antiguos, fue el encargado de rechazar de plano la autoría de Demóstenes, y la devuelve a quien probablemente fue su autor: Hegesipo de Sunio, quien en el 346 aC se había opuesto a las propuestas de paz enviadas por Filipo II de Macedonia a Atenas. Un año más tarde, apoyó a Timarco cuando fue acusado por Esquines. Junto con Demóstenes, formó parte en el 343 aC de la delegación enviada al Peloponeso en busca de aliados. Después de que Filipo enviara una nueva embajada a Atenas, dirigida por Pitón de Bizancio, Hegesipo encabezó la embajada que a su vez enviaron los atenienses para modificar el tratado de paz (incluyendo, al menos de forma implícita, exigencias sobre sus antiguas posesiones). Esta embajada fue mal acogida por el monarca macedonio. Al año siguiente, enviados de Filipo y de las ciudades aliadas se concentraron en Atenas con propuestas de conciliación y aparentes buenos deseos de zanjar las cuestiones en litigio entre Macedonia y Atenas, entre las que se contaba la islita de Haloneso.

Esta insignificante tierra en la costa de Tesalia, antigua posesión de los atenienses, fue capturada por el pirata Sóstrato cuando concluyó la paz de Filócrates. Se convirtió en guarida de depredadores de bajeles hasta que Filipo acabó con los piratas y se apoderó de la isla.

La embajada capitaneada por Hegesipo había exigido la devolución de la isla, pero Filipo respondió por carta alegando que esa tierra le pertenecía, aunque estaba dispuesto a entregarla como regalo a los atenienses. Demóstenes, Hegesipo y otros antimacedonios se mostraron hostiles a aceptar como regalo algo que en esencia les pertenecía.

En el presente discurso, pronunciado en 342 aC, Hegesipo responde punto por punto la carta de Filipo, en la que éste proponía a Atenas un tratado de comercio y la colaboración en el proyecto de acabar con la piratería. Tras anunciar el propósito del discurso (epígrafe 1), pasa a considerar que Filipo no puede regalar lo que no es suyo a su verdadero dueño (epígrafes 2-8), que el tratado de comercio es sólo una escusa para que los atenienses acepten la política de Filipo (epígrafes 9-13), y que el apoyo mutuo contra los piratas es sólo una forma de obtener control en las islas (epígrafes 14-17). El resto del discurso (epígrafes 18-46) se centra en enumerar las ocasiones en que Filipo no ha realizado aquello que prometía: la devolución de Anfípolis, la entrega de cierto rehén, el uso de la tierra del Quersoneso, etc.

pseudo Demóstenes: Contra Neera

Ya en la antigüedad, según Libanio, este discurso no era atribuido a Demóstenes. El autor puede ser el mismo que compuso los otros discursos en que interviene Apolodoro, personaje para el que Demóstenes había escrito algún discurso (razón ésta de la errónea atribución de la presente obra).

La causa del proceso venía de lejos, y se basa en una antigua rivalidad política, convertida en personal con motivo de una propuesta de decreto. Apolodoro presentó un proyecto ante la Asamblea: el pueblo debería decidir si los fondos sobrantes habían de acrecer los militares o los del teórico. Estéfano lo denunció por ilegal, y aunque consiguió su condena, no logró la ruina total: el tribunal no aceptó la pena propuesta, quince talentos, y la redujo a uno. A esto se añadía otro proceso por homicidio, que no prosperó.

La rivalidad política entre Apolodoro y Estéfano se convirtió en enemistad personal y odio enconado, y ambos esperaban la ocasión propicia para vengarse. La hetera Neera da pie al presente proceso, y Apolodoro se vale del actor Teomnesto para encausarla, salpicando de paso a Estéfano. El proceso se abre gracias a las leyes que prohibían el matrimonio de atenienses con extranjeros. Las sanciones eran durísimas: por un lado, la venta como esclavo del extranjero o extranjera casados con ciudadanos, y una multa de mil dracmas para el ateniense desposado con extranjera; por otro, degradación cívica y confiscación de bienes para el ciudadano que hubiese dado en matrimonio una extranjera a un ateniense. En este proceso Neera puede verse vendida como esclava, y Estéfano se enfrenta a la multa de mil dracmas, la confiscación de sus bienes y la atimía (pérdida de derechos de ciudadano). Además, Apolodoro cita otras disposiciones, y parece que este proceso forma una preparación para otro posterior.

El discurso es pronunciado por dos personas: el actor Teomnesto se limita a abrir el tema (epígrafes 1-15: realiza un resumen de los pasados encontronazos judiciales entre su cuñado y Estéfano), y luego cede la palabra a Apolodoro. Éste se centra primero (epígrafes 16-36) en la condición de Neera, que vendía su cuerpo como esclava de Nicáreta, para lo cual aporta diversos testimonios. Luego hace aparecer a Estéfano en la narración, intentando demostrar que cohabitaban en la misma casa, con los hijos de ella; Neera ofreciendo sus servicios, y él sobornando a los extranjeros adúlteros (epígrafes 37-42). También presenta testigos de que Frínico, el dueño anterior de Neera, consiguió que unos árbitros privados le otorgaran un acuerdo: la mujer sería libre, pero estaría con Estéfano y Frínico en días alternos (epígrafes 43-48). Después se centra en la segunda acusación (epígrafes 49-63): Estéfano ofreció en matrimonio a la hija de Neera como si fuera hija suya; el engañado la echó de su casa, embarazada, y no devolvió la dote, y aunque Estéfano comenzó un proceso contra él, después retiró la denuncia. También presenta el caso de un amante anterior de Neera (epígrafes 64-71), denunciado por Estéfano de adulterio, con el que luego llegó a un acuerdo al ser denunciado a su vez de que su casa era un lupanar, y el caso del engañado arconte rey, Teógenes, que teniendo a Estéfano como consejero se casó con la hija de Neera (epígrafes 72-87). También incide Apolodoro (epígrafes 88-106), la importancia de las leyes de ciudadanía, incluyendo una digresión sobre cómo los atenienses hicieron ciudadanos a los supervivientes plateos. Finalmente, resume los datos expuestos (epígrafes 107-109), pide a los jueces que no toleren la injusticia (epígrafes 110-117) y se pregunta qué le queda a la defensa ante la abrumadora cantidad de pruebas presentadas (epígrafes 118-126).

En cuanto al estilo, adolece de los mismos defectos de los otros de Apolodoro: desorden, digresiones que desembocan en pura novelería, poca fluidez, etc. Pero también tiene sus virtudes, al menos para el estudioso de la época: abundantes citas legislativas y referencias a otras leyes, descripción de la vida pública y privada ateniense, creencias, usos y costumbres, etc.

El discurso fue pronunciado en algún momento entre 343 aC (ya que se dice que el poeta Jenoclides está en Atenas, y este personaje fue expulsado de Macedonia en dicha fecha) y 339 aC (fecha en que Demóstenes logra consagrar el decreto que propusiera Apolodoro).

Esquines: Sobre la embajada fraudulenta

Respuesta al discurso de Demóstenes con el mismo título, en el que acusaba a Esquines no sólo de haberlo hecho mal durante la embajada enviada a Filipo II, sino de haber sido sobornado por el rey macedonio.

La segunda mitad del año 346 aC fue un período contradictorio para Atenas. La paz con Filipo seguía su camino, y el macedonio envió una carta a los atenienses, leída en la Asamblea, en la que se comprometía a ofrecerles beneficios si le hacían saber lo que quería. Pero a los pocos días llegó la noticia de la rendición de la Fócide, y el pánico volvió a extenderse en Atenas, alimentado por Demóstenes y el resto de los antimacedonios. Filipo seguía apoyando a los tebanos, y había tomado las Termópilas. Finalmente, después del fin de la Tercera Guerra Sagrada, incluso Demóstenes aconsejó mantener la situación, con su discurso Sobre la paz.

A finales del 344 aC, se organiza la marcha de Demóstenes al Peloponeso en busca de aliados. Al año siguiente, Filipo intenta una aproximación enviando a Pitón de Bizancio, pero la iniciativa fue rechazada, a pesar del apoyo de Esquines. Ese mismo año, Hiperides llevó ante la justicia al gran filomacedonio, Filócrates, con cargo de corrupción: haber sido sobornado para proponer decretos contrarios a la ciudad.

Demóstenes pensaba que Atenas se había equivocado al confiar en Esquines y quiso llevarlo ante los tribunales para probar que su política no había sido errónea, sino corrupta. Además, Demóstenes podía tener una intención oculta: defender su propia actuación durante la embajada, que tal vez se viera como contraria a su trayectoria antimacedonia. Así que en el mismo año 343 aC, Demóstenes reabrió la causa que había comenzado en 346 aC por la rendición de cuentas de la embajada.

Para Esquines, es necesario mantener la paz a toda costa, porque Atenas ha conseguido sus mayores triunfos mientras gozó la paz. Esta máxima atraviesa todo el discurso. Su respuesta es contundente, y refuta punto por punto todas las acusaciones de su enemigo político, esforzándose por dejar en evidencia los flancos débiles de su exposición.

Esquines sigue un orden cronológico en su exposición, lo que le permite aclarar las posibles sospechas de su actuación, aunque nunca llega a explicar la razón última. Buscaba la claridad material de lo sucedido, como mejor medio de defenderse de las acusaciones más abstractas de Demóstenes. Ésta es la estructura del discurso, con los números de los epígrafes:
  • Proemio (1-11). Solicitud de buena disposición a los jueces (1-2). Las acusaciones más temerarias y extravagantes de Demóstenes (3-6). Plan de su discurso y censura del caos del de Demóstenes (7-11).
  • La primera embajada (12-96). Narración de hechos: negociaciones en relación con un posible tratado de paz (12-19); viaje de ida a Macedonia (20-21); estancia en Pela (22-39); viaje de regreso a Atenas (40-43); presentación de informes ante el Consejo y la Asamblea (44-55). Refutación de interpretaciones: sobre las sesiones de la Asamblea habidas en relación con la paz (56-80); sobre el abandono de Cersobleptes (81-93); sobre la tercera embajada (94-96).
  • Segunda embajada (97-143). Narración de hechos: viaje de ida a Macedonia (97-100); estancia en Pela (101-118); reflexión final (118). Refutación de interpretaciones: no hizo a los atenienses promesas falsas de parte de Filipo (119-120); no hubo complot con Filócrates en contra de Demóstenes (121-123); no contactó secretamente con Filipo (124-129); no fue responsable de la ruina de la Fócide (130-143).
  • Otras refutaciones particulares (144-170). Respuesta a los insultos contra su reputación y la de su familia (144-152). El episodio de la mujer olintia (153-158). Resumen de acusaciones y refutaciones (159-163). Aparente variabilidad en su línea política (164-166). Calumnias contra sus prestaciones militares (167-170).
  • Epílogo (171-184). Preámbulo (171). Arqueología de la paz (172-177). Súplica de absolución (178-184).

Finalmente, Esquines salió absuelto del proceso, pero por un escaso número de votos. Este desenlace pone de manifiesto la indecisión política de los atenienses del período sobre la conveniencia de aliarse con Filipo.

Demóstenes: Sobre la embajada fraudulenta

Discurso pronunciado en el año 343 aC, con la intención de someter a una rendición de cuentas a Esquines por su actuación durante la embajada enviada por Atenas para tratar con Filipo de Macedonia.

En el 348 aC, Filipo había tomado Olinto, y como los intentos por aliarse a otras ciudades griegas en contra del macedonio habían fallado debido a las viejas rencillas y rencores, los atenienses decidieron seguir la propuesta de Filócrates de enviar una embajada para tratar la paz. Sin embargo, las condiciones de la misma no fueron en absoluto beneficiosas para la ciudad. Aunque se enviaron nuevas propuestas aprovechando que los diez embajadores (entre los que estaban Esquines y Demóstenes) debían volver a ver a Filipo, para que éste firmara los juramentos, no se avanzó nada: Filipo se prodigaba en promesas y hacía correr el oro, propagando noticias contradictorias sobre su política futura.

Al regreso de esta segunda embajada, Demóstenes trató de advertir al pueblo del peligro que suponía el acercamiento de Filipo a las Termópilas. Pero Filócrates y Esquines calmaron los ánimos. Este último insistió en que Filipo quería en realidad favorecer a Atenas y a la Fócide, pero que no podía demostrar sus auténticas intenciones para no levantar antipatías entre sus actuales aliados. Los atenienses enviaron una tercera embajada para que Filipo cumpliera sus promesas, pero ni Demóstenes ni Esquines accedieron a ir en esta ocasión. De todas formas, cuando la embajada llega a Calcis, supo que los focidios se habían rendido a Filipo, y que éste por tanto era dueño de la Fócide y las Termópilas, y se enseñoreaba sobre el consejo de la Anfictionía délfica. En estas circunstancias, hasta Demóstenes aconsejó aceptar la paz.

Pero el orador no pudo olvidar la actuación de Esquines, y ayudó a Timarco a presentar una demanda contra él, en el tribunal de rendición de cuentas. Esquines, sin embargo, acusó a Timarco de prostitución (en un caso del que tenemos el discurso de acusación Contra Timarco), logrando que perdiera sus derechos de ciudadanía y, por tanto, que se suspendiera la causa abierta contra él.

Filipo seguía consolidando su situación en Grecia, y el partido antimacedónico comenzó un ataque directo contra sus aliados en Atenas. En el 344 aC designan una embajada, de la que forma parte Demóstenes, para alertar a las ciudades del Peloponeso del inminente peligro macedonio. Esquines, que había sido designado representante de Atenas en Delfos para litigar con la isla de Delos a propósito del santuario de Apolo, es desposeído del cargo y reemplazado por Hiperides. Este mismo orador presenta contra Filócrates una querella por crimen contra la seguridad del estado, por su actitud en las negociaciones del 346 aC. Filócrates, quien se había exiliado antes de comparecer a juicio, fue juzgado en rebeldía y condenado a muerte.

Poco después, Demóstenes se querella contra Esquines, y la suerte, o el buen hacer de los estudiosos del pasado, ha querido que conservemos ambos discursos, el que nos ocupa y la defensa de Esquines.

El discurso de acusación de Demóstenes cuenta con un breve exordio (1-28) y una larga parte central que puede separarse a su vez en dos bloques. La primera ofrece la narración de los hechos y las pruebas, y la segunda es una especie de recapitulación ampliada, donde además intenta refutar anticipadamente los argumentos de su rival, denigrándole y haciendo su propia apología. Cierra el discurso un brevísimo epílogo (315-343). La acusación de Demóstenes se basa en tres cargos: que Esquines apoyó a Filócrates, aunque en su escrito éste proponía una paz vergonzosa e inconveniente; que perdió el tiempo de los embajadores, a consecuencia de lo cual Filipo pudo tomar las posesiones atenienses en Tracia; y que trasmitió a la ciudad informes falsos, lo que conllevó el desastre de los focidios. Todo ello, según Demóstenes, a cambio de regalos y sobornos.

Fragmentos destacados:

«Si el que ha desempeñado y administrado una función pública se las va a arreglar, valiéndose del miedo que inspira y no del criterio de justicia, para que no haya nadie que sea su acusador, vosotros os veréis totalmente desautorizados para ejercer cualquier control».

«En cuanto a los discursos, si los ha transmitido con verdad y ajustados a lo conveniente, que sea libre de culpa, pero si han sido mentirosos y motivados por un salario e inadecuados a la conveniencia, sea condenado».

«Una enfermedad terrible, varones atenienses, ha caído sobre Grecia, enfermedad penosa y que requiere una gran cantidad de buena suerte y de cuidados por parte vuestra. Ya que los que en las ciudades son los más notables y considerados dignos de estar al frente de los asuntos públicos, traicionando, los desgraciados, su propia libertad, se atraen una esclavitud por ellos mismos elegida, que atenúan llamándola, en favor de Filipo, hospitalidad, camaradería, amistad, y cosas así».

Demóstenes: Contra Aristogitón

Dos discursos circularon con este título: el segundo no puede adscribirse a Demóstenes, mientras que el primero planteó dudas sobre su autoría ya desde la Antigüedad.

Contra Aristogitón I

Dionisio de Halicarnaso no lo admitía en el canon demosténico, a tenor de ciertos rasgos de estilo y vocabulario, pero ello puede deberse a que la obra es una deuterología, un epílogo al discurso de acusación principal (que en este caso fue obra de Licurgo). Esta obra se atribuyó a Hiperides, ya que nos ha llegado noticia de un discurso de este autor con este mismo título; pero el título es el mismo en la traducción: la construcción de ese título en griego sugiere que fuera una réplica a uno de Aristogitón, mientras que el que nos ocupa era una acusación directa contra él.

Demóstenes ya se había enfrentado al sicofanta Aristogitón durante su defensa de Hierocles. Por no pagar la multa de ese proceso y otras penas pecuniarias, Aristogitón se vio inscrito como deudor del tesoro público y, por tanto, fue castigado con la atimía (pérdida de los derechos civiles y políticos). Durante cinco años abandonó su oficio de acusador, pero luego cedió al tesoro una tierra que le pertenecía (de la que Éunomo, su hermano, se declara comprador por un valor igual a la deuda adquirida por Aristogitón, con la condición de pagarlo en diez anualidades). Creyéndose en libertad, se reincorpora a su vida de sicofanta; pero seguía inscrito en la lista de deudores y además es inscrito por una nueva deuda. Por ésta se enzarza en un proceso con Aristón y, por si fuera poco, su hermano no puede pagar la tercera anualidad de la finca cedida al estado.

Entonces es cuando Licurgo, Demóstenes y otros oradores proceden judicialmente con una denuncia (éndeixis) contra Aristogitón, por usurpar un derecho que no le pertenece (hacer uso de la palabra en público). En su deuterología, Demóstenes insiste varias veces en la necesidad de que los jueces castiguen la desvergüenza de Aristogitón, que ha actuado contra las leyes necesarias para el buen funcionamiento de la ciudad: ha hablado en público cuando no podía hacerlo; ha intentado ganar dinero como sicofanta, acusando a los particulares que no podían defenderse contra sus denuncias, ha ultrajado a los ciudadanos cuando no accedían a pagarle su silencio, etc.

El acusado fue condenado y entregado a los Once, aunque no tardó en escapar de la condena y ser de nuevo un hombre libre, y poco tiempo después (342 aC) se vio envuelto en el proceso de Hárpalo, de nuevo contra Demóstenes. Más adelante (323 aC), también Dinarco tendrá oportunidad de escribir un Contra Aristogitón dirigido contra este mismo personaje.

Contra Aristogitón II

No hay en este discurso, más breve, esa originalidad y viveza típicas del estilo demosténico. El asunto se describe de forma muy vaga y general, y aunque la lengua es propia del ático del siglo IV aC, los estudiosos coinciden en afirmar que la pieza parece propia de un ejercicio de escuela realizado sobre el tema del anterior discurso. Aunque también existe la posibilidad de que corresponda a un tercer discurso de acusación, después de los de Licurgo y Demóstenes, creado por un orador de mediano talento. Esto explicaría la ausencia de datos nuevos, y el apoyo en lugares comunes como la necesidad de que los hombres públicos sean castigados con mayor severidad y prontitud que los particulares, el profundo respeto que los políticos del pasado sentían por las leyes, o la importancia de la legislación, responsable del orden del universo.

Espeusipo

A la muerte de Platón en 347 aC, su sobrino Espeusipo, alumno suyo, queda al frente de la Academia como escolarca (lo que hoy llamaríamos director).

Había nacido hacia 408 aC, hijo de Eurimedonte de Mirrino y Potone, hermana de Platón. Acompañó a su tío en su tercer viaje a Siracusa, mostrándose prudente en sus relaciones con el tirano Dion. Ateneo y Diógenes Laercio, autores muy posteriores, le achacan súbitos arranques de ira, codicia y libertinaje, pero para ello seguramente se basan en una falsa carta de Dioniso el Joven, ejecutado por Dion con la colaboración de Espeusipo. No alcanzará ni una década al frente de la escuela filosófica, ya que murió en el 339 o 338 aC, cuando le sucede Jenócrates como escolarca.

De sus obras sólo quedan algunos fragmentos, que permiten conocer algunas teorías básicas propuestas por él e, indirectamente, conocer algunas doctrinas no escritas de Platón.

Dio prominencia a una teoría de géneros derivada de la técnica de la división, o diairesis, criticada por Aristóteles en su Generación de los animales. Dividió los estudios filosóficos en tres amplios campos con múltiples conexiones entre sí: dialéctica, ética y física. Diferenció entre los objetos del pensamiento (el saber de la Razón) y el objeto de la percepción (de los sentidos). Intentó demostrar cómo la percepción puede llegar a ser conocimiento a través de la verdad racional. De esa manera, la habilidad artística no estaría fundamentada en una actividad sensorial, sino en una percepción racional de los objetos.

Donde Platón distinguía entre los números matemáticos y los números ideales, Espeusipo rechazó estos últimos, y por tanto también las Ideas. Para diferenciar las sustancias, pensó que podrían hallarse diferencias en sus principios (archai), y comenzó por distinguir sustancias de número, de tamaño, de alma, donde Platón sólo había referenciado a los números ideales. Espeusipo designó como principio universal el Uno, pero lo incluyó al mismo tiempo, como los pitagóricos, en la serie de las creaciones del Bien, ya que para él todas las entidades sólo podían ser el resultado de un desarrollo: otro principio estaba detrás del Uno.

También escribió obras sobre otros temas, como justicia y legislación, o amistad y placer.

Carta a Filipo II

En el invierno del 343-342 aC, Espeusipo, por entonces director de la Academia, escribió una carta al rey de Macedonia, Filipo II, proporcionándole una serie de argumentos de tipo mitológico para apoyar tanto su expansión territorial en Grecia como su pertenencia a la Anfictionía de Delfos. En principio, parece haber sido escrita para su publicación pública y se centra en la crítica a la reciente obra de Isócrates. La epístola se nos ha transmitido como parte del conjunto de «cartas socráticas», pero por todo lo demás parece auténtica. El contenido es el siguiente:
  • 1-5. Saludo. Crítica del discurso de Isócrates A Filipo, por no recordar los beneficios que Grecia ha recibido de Filipo. El linaje real macedonio como descendiente de Heracles. Las grandes acciones de Alejandro I (rey entre 498-454 aC). Nueva crítica a Isócrates: debiera haber defendido a Filipo de las críticas recibidas por su actuación en Olinto.
  • 6-7. Digresión sobre las hazañas de Heracles en tierras griegas.
  • 8. Un apunte sobre la institución de la Anfictionía.
  • 9-11. Nueva crítica a Isócrates: pese a alabar la actuación de Alcibíades, omite los hechos del padre de Filipo, Amintas III.
  • 12-16. Crítica a Teopompo de Quíos, que en la corte macedonia se dedica a criticar a Platón. A través de él, nueva crítica a Isócrates por sus torpes excusas. Rápida despedida.